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  • El laboratorio de las pequeñas (y grandes) cosas

    Texto Patricia Sáinz de Robredo [Com 08]  / Fotografía Manuel Castells [Com 87]

    Al más puro estilo Apple, Marcos Llorente [Ing 13 MIB 15] y Xabier Unamuno [Ing 14 MIB 16] trabajan en un garaje del edificio de la Biblioteca de Ciencias. Al ritmo de sus inventos, sin prisa, pero sin pausa, avanza el Laboratorio de Ingeniería Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad. Un centro que despegó en octubre de 2016, pero cuyos resultados son ya palpables. 

    —Los orígenes. Marcos Llorente realizó en 2013 su Proyecto de Fin de Máster,  cuando el Laboratorio daba sus primeros pasos.

    Como señala marcos llorente [Ing 13 MIB 15], graduado de la primera promoción de España en Ingeniería Biomédica, «todos los laboratorios han empezado de la nada». Una cochera pintada de blanco con una impresora 3D, gelatinas, siliconas, un soldador y varios ordenadores bastan como compañeros de viaje del Laboratorio de Ingeniería Médica de la Universidad. El centro, que todavía huele a nuevo, comenzó oficialmente su andadura en octubre de 2016.

    «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo», decía Arquímedes. En este caso, ese apoyo es la apuesta de la Facultad de Medicina por la innovación, pero también el ingenio y el entusiasmo de varios doctorandos en Ingeniería Biomédica, entre los que se encuentran Marcos y Xabier Unamuno [Ing 14 mib 16]. Piel artificial que no lo parece o un modelo de cráneo en 3D son algunos de los proyectos que han desarrollado. Pero ¿cómo se activa el motor del Laboratorio?

    «Por un lado, nosotros detectamos procesos que pueden mejorarse mientras estamos en la Clínica o en el Centro de Simulación de la Facultad. En otras ocasiones, la iniciativa parte de los médicos y profesores», explica Marcos.

    Un encuentro fortuito puede igualmente dar lugar a nuevas ideas. Por ejemplo, durante una reunión con una doctora vieron unas imágenes sobre su mesa y se interesaron por el método que utilizaba para analizarlas. Sin haberlo previsto, le propusieron una alternativa más eficaz para hacerlo.  

    Un problema, una solución

    Resolver problemas es su máxima y en el Centro de Simulación de la Facultad de Medicina lo saben bien. Precisamente, el Trabajo de Fin de Máster de Marcos consistió en la mejora de un simulador para la práctica de broncoscopia, que simula las cavidades del cuerpo desde la nariz a los pulmones. Hasta el momento, sin la supervisión de un profesional, resultaba imposible determinar si el alumno estaba aplicando correctamente la técnica. «Gracias a unos sensores, el propio aparato indica ahora si la maniobra se realiza sin causar daño», detalla.

    Asimismo, han creado unos dispositivos nuevos para la punción torácica y para la punción lumbar. Según expone Xabier, «varios profesores nos explicaron que los modelos actuales eran demasiado compactos y que no reflejaban las diversas capas bajo la piel. Los médicos se guían por el sentido del tacto y necesitan que los simuladores sean lo más parecidos a la realidad». Dicho y hecho: su propuesta ha conseguido reproducir la anatomía ósea al detalle, al basarse en TACs (Tomografía Axial Computarizada) de pacientes.

    Su creatividad les ha llevado también a diseñar materiales fieles a los tejidos del cuerpo humano, como unas siliconas que responden a la ecografía y que facilitan a los alumnos profundizar en la detección de patologías mamarias. 

    No obstante, el trabajo del Laboratorio va más allá del Centro de Simulación. De hecho, colaboran con el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) y la Clínica Universidad de Navarra, donde se han conquistado algunos de los logros de los que se sienten más orgullosos.

    «Nos llamaron un martes y nos dijeron que esa misma semana tenían programada una craneosinostosis a un niño. Se trataba de modificar un defecto congénito en el que una o más suturas de la cabeza del bebé se cierran antes de lo normal y dificultan el crecimiento del cerebro. Y los médicos —resume  Marcos— querían planificar la operación». 

    Partiendo de imágenes del TAC y utilizando la impresión 3D, los ingenieros obtuvieron una réplica del cráneo del pequeño en un material muy similar al hueso, que permitió a los cirujanos visualizar cómo iban a proceder o incluso probar varias veces cómo intervenir. «Produce una gran satisfacción escuchar a los especialistas decir que tu trabajo ha supuesto una gran ventaja para ellos», expresa Xabi, que comenzó su tesis doctoral en julio. 

    Juntos afrontan, muy motivados, los desafíos que van llegando. Entre sus futuros proyectos, un dispositivo para la mejora del guiado para la resonancia intraoperatoria que aportará mayor precisión en el tratamiento de patologías cerebrales. 

    Jóvenes y dispuestos

    Al tándem formado por Marcos y Xabier se van uniendo algunos alumnos de Ingeniería Biomédica o de Medicina. Es el caso de Guillermo Besné [Ing 15 mib 17], que realizó su Trabajo de Fin de Máster en el Laboratorio. El proyecto, un simulador de movimientos oculares a través de una aplicación informática, superó sus expectativas: «Simul-eye es una herramienta de gran utilidad para las prácticas en Oftalmología, capaz de simular exploraciones poco habituales. Además, los alumnos ponen a prueba sus conocimientos en español e inglés mediante autoevaluaciones».

    Este grupo de “solucionadores de problemas” cuenta con la dirección del decano de la Facultad de Medicina, el doctor Secundino Fernández [Med 87 PhD 94], quien asiste de cerca a los pequeños, y no tan pequeños, avances del equipo. «Para nosotros representa un proyecto clave porque en él se relacionan la clínica y la investigación. Estamos convencidos de que la interdisciplinariedad es fundamental en el ámbito médico, pero también en la ciencia en general. De ella surgen grandes frutos como los que vemos aquí cada día», señala el decano, que dirige la tesis doctoral de Marcos Llorente.

    Las investigaciones del Laboratorio constituyen una prueba de ese enfoque multidisciplinar. Puedes cruzarte con Marcos saliendo de un quirófano o coincidir con Xabier en el Centro de Simulación atendiendo una práctica. Sin duda, estar cerca facilita que la relación médico-ingeniero sea provechosa; una imagen habitual en Estados Unidos, que, como sostiene Marcos, «por suerte, se ve cada vez más en España, donde los hospitales van incorporando perfiles variados».

    ¿Qué es un ingeniero biomédico? «Es una buena pregunta. Somos más ingenieros que médicos, pero tenemos conocimientos suficientes para poder hablar con un facultativo y entendernos», responde Marcos. Por su parte, Xabier se considera «un ingeniero al que le gusta la Medicina»: «Al acabar el colegio dudaba si matricularme en Medicina o en Ingeniería Industrial. Una profesora me habló del Grado en Ingeniería Biomédica y me pareció muy interesante». Lo que más le atrae de su profesión es la posibilidad de poder ayudar en diferentes ámbitos y departamentos a la vez.

    Ingenieros, médicos o un poco de los dos, derrochan ganas de innovar, tanto si están volcados en dar con una solución para  otros departamentos como si están centrados en su propia investigación. 

    Actualmente, Marcos trabaja en un sensor que se colocará en la piel a la altura de la laringe. «Al igual que las pulseras que miden nuestros pasos, proporcionará información sobre cuánto tiempo ha hablado una persona, con qué frecuencia o si lo ha hecho en un ambiente ruidoso —explica —. Así, cuando se diagnostique un problema de voz, el especialista podrá saber si el paciente sigue la prescripción y qué circunstancias de su vida diaria influyen en el tratamiento».

    En paralelo, Xabier estudia la caracterización biomecánica del tejido adiposo, clave en muchas funciones fisiológicas: «Resulta muy interesante averiguar cómo varían sus propiedades en personas que padecen obesidad o comorbilidades [coexistencia de dos o más enfermedades en un mismo individuo, generalmente relacionadas], en comparación con aquellas de peso normal, especialmente ahora que estas patologías representan una amenaza para la salud pública». 

    En cuanto al futuro, Marcos y Xabier coinciden en que el tiempo dirá. Quién sabe si podrían emprender un proyecto biomédico. O quizá algunos de sus hallazgos lleguen a  comercializarse. Sin embargo, ese no es su objetivo. «Queremos que la Facultad de Medicina, la Clínica y todos los departamentos con los que trabajamos tengan lo mejor». Y ese parece ser su lema: trabajar, hacerlo bien y con resultados. Con ritmo lento pero seguro. Así es como el Laboratorio de Ingeniería Médica aspira a crecer. A fuerza de cosas pequeñas y retos grandes.