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31/10/2008

Un bombazo universitario

Autor: Jesús Tanco
Doctor en Periodismo
Universidad de Navarra

Fecha: 31 de octubre de 2008

Publicado en: El Mundo (Madrid)

Pudo haber víctimas; yo pude ser una víctima del atentado terrorista que, en un espacio de libertad, en una casa del saber como es una Universidad, se produjo a las 10.58 horas de ayer. Justo hablaba por teléfono en ese momento cuando el estruendo seco, brutal, atronador, nos dejó sobrecogidos.

Mi primera reacción ha sido rezar. Encomendar a las posibles víctimas y también acordarme de estas gentes que no saben lo que hacen. En la misma línea, dar gracias a Dios cuando me he enterado a los pocos minutos de que no había heridos de gravedad. Lo que ha pasado por mi cabeza en los minutos siguientes ha sido: “¿Qué móvil pueden tener estos desgraciados al intentar una carnicería en un lugar apacible, sereno y bonito como es el otoñal campus de la Universidad de Navarra?”.

Mi momento del bombazo ha sido sereno. Quizá ser el más viejo de los presentes me ha hecho reaccionar con una cierta mesura. Tras el trueno bronco, mientras mis compañeros salían ordenada y nerviosamente, he visto una nube de humo negro que subía hacia el lluvioso cielo pamplonés con borbotones de siniestros presagios.

A los pocos minutos, el humo que salía del aparcamiento del edificio central se había tornado blanco, quizá debido al incendio producido en el interior del edificio. Desde una de las torres, he observado una multitud de personas que, a una lejanía prudente, contemplaba el suceso, y el orden que la Policía, desde el primer momento, ha garantizado, sin que se dieran situaciones de pánico, más allá de las justificadas reacciones personales de nerviosismo.

Poco a poco, han llegado autoridades, amigos, colegas, personas que han querido testimoniar a la Universidad su solidaridad y su cariño y el rechazo más enérgico a este atentado terrorista.

En los primeros momentos, aproximadamente en la primera hora, hube de atender a los medios. He palpado lo que es el periodismo con prisa, con ansia de contar antes, más y mejor, lo que pasa y nos preocupa. Después, en las horas siguientes, he recibido unas 50 llamadas de amigos que me han dicho cosas deliciosas, fuertes quizá, porque los momentos piden firmeza, pero llenas de ese calor humano que necesitamos después de una tragedia como ésta.

He acompañado a un retén de bomberos. Me ha sorprendido el manejo de estos profesionales en una situación de emergencia. En quienes tienen responsabilidad de gobierno en la Universidad, he constatado, una vez más, un sentido elevado de miras. Todos a nuestro alrededor se animan, nos animamos, a seguir adelante con esta tarea ilusionante.

Sabemos que la Universidad no es, ni debe ser, una cápsula, algo protegido por un invernadero que le resguarda de los temporales y tragedias. Como la sociedad circundante, sufre con sentido, pero con desgarro interior, el terrorismo. Además, en su misma esencia de descubrir y transmitir la verdad, tiene que plantearse esta pregunta: ¿Señor, para qué? ¿Por qué?

Ha habido quienes han pagado con su vida la lealtad a los valores trascendentes que la Universidad afirma y propaga, en medio de la libertad consustancial a la persona humana. En esta Universidad se formó Gregorio Ordóñez y doctoró Giménez Abad. Las víctimas han de ser recordadas, y los que pudimos ser víctimas o potencialmente lo somos, es decir, todos, hemos de hacer algo más de lo que se hace, o mejor lo que no se hace del todo bien, para que el bombazo del campus de la Universidad de Navarra de las 10.58 del 30 de octubre de 2008, con unos heridos que recordamos con afecto, sea pronto historia y lección para todos.

En las próximas horas, acción de gracias y presencia rotunda para demostrar que el Bien está llamado a triunfar. Así lo esperamos. A pesar de los pesares. Una carnicería frustrada, por puro milagro, y ahora a seguir trabajando, que es lo nuestro.

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