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31/08/2009

¿Es sostenible el aumento de la deuda del Estado?

Autor: Markus Kinateder
Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales
Universidad de Navarra

Fecha: 31 de agosto de 2009

Publicado en: Expansión (Madrid)

Los llamados criterios de Maastricht exigen a todos los miembros de la zona Euro un déficit público que no supere el 3% del PIB cada año y una deuda acumulada que no sobrepase el 60%.

España, al contrario que Alemania, Francia o Italia, destaca por no haber superado estos dos criterios desde la entrada en vigor del Euro a principios de esta década. Eso es resultado de la política ejemplar que siguió el gobierno de Zapatero entre los años 2005 y 2007, en los que mantuvo un superávit.

Desgraciadamente esto cambió. En el último año y medio, España, habiendo sido un Estado ejemplar, se ha convertido en uno de los que más se ha alejado del cumplimiento de estos criterios. En este año el déficit público podría incluso superar el 10% del PIB y el año que viene el propio Gobierno espera un déficit de alrededor del 8%. Dado que el PIB todavía disminuye –la última cifra es del 4,1% interanual en el segundo semestre– el endeudamiento como porcentaje del PIB aumenta incluso si se mantiene el gasto y sólo recortando éste se lograría un déficit porcentual constante.

El deterioro de las cuentas públicas españolas tiene varias causas. Por un lado, el gobierno de Zapatero incrementó el gasto social de una manera generosa. Esta expansión del Estado Social pone a este país a un nivel similar al de otros países europeos que tienen economías de mercado con un componente social importante. En este sentido, por ejemplo, hay que apoyar la introducción de la ayuda de 420 euros mensuales para desempleados que hayan agotado cualquier otra ayuda del Estado y que cumplan ciertos requisitos.

Al aumento del gasto social durante los últimos años se suma, desde hace un año, el dinero que el Estado usa para mitigar las consecuencias de la crisis económica que arrastra a la economía española con extraordinaria dureza.

La crisis no sólo tiene un efecto sobre el gasto del Estado sino también sobre los ingresos. Ellos han bajado alrededor del 20% durante este año.

Así que el Estado se enfrenta a una situación de gastos crecientes e ingresos decrecientes. Como consecuencia el FMI, en su última previsión económica global (de abril de este año), prevé un déficit estructural del Estado del 5,2% del PIB para este año y del 4,2% para el año que viene.

El déficit estructural sólo considera los gastos ordinarios y superaría el límite del 3% impuesto por la UE. La perspectiva a largo plazo es aún peor, debido a la inevitable llegada del déficit de la Seguridad Social, causado por el aumento del número de jubilados respecto a la población activa.

Subida de impuestos

Aun siendo optimista y previendo una recuperación rápida de la economía española, queda una diferencia negativa importante y duradera por financiar en las cuentas públicas. El gobierno sólo tiene dos medidas para afrontar esta situación: incrementar los ingresos y disminuir el gasto. Mientras dure la crisis al gobierno le queda poco más que vigilar muy de cerca el gasto, restringiéndolo donde pueda.

Por eso, cuando el crecimiento se haya recuperado –no antes de finales del año que viene–, nos enfrentaremos a una subida importante de los impuestos. En comparación con otros países europeos todavía hay margen para subir el IRPF y la contribución de los trabajadores a la Seguridad Social, ya que estamos por debajo de la media europea.

Ante esta perspectiva, los ciudadanos previsores, preocupados por su situación económica, anticipamos la subida de impuestos con un mayor ahorro. Así, el Estado opta por sustituir el gasto privado con gasto público, a través de sus medidas anticrisis, lo cual empeora más el problema del déficit futuro.

Para salir de la trampa del aumento permanente de la aportación del Estado a la economía, el gobierno debería adoptar medidas estructurales que reduzcan de manera creíble el gasto en el futuro, tales como una reforma del sistema de pensiones. Todavía queda tiempo para llevarla a cabo, pero ¿por qué no anticiparnos y realizarla antes de que sea mayor el problema?

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