Noticias© Comunicación Institucional, 31/03/2008

Universidad de Navarra

Cuando la sombra del padre es alargada

Autor: Josep Tàpies
Titular de la Cátedra de Empresa Familiar del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 31 de marzo de 2008

Publicado en: Expansión (Madrid)

No es fácil ser hijo de alguien que ha alcanzado elevadas cotas de éxito en su trayectoria vital. Hay una tendencia natural entre todos nosotros a comparar a los hijos con sus progenitores. Estas comparaciones tienen su inicio cuando el bebé llega al mundo (“tiene los ojos de su padre” o “la sonrisa es de la madre”), continúan con las primeras muestras del carácter del retoño (“tiene el genio de su papá”) y alcanzan también la vida de adulto (“cada vez se parece más a su madre”).

Convengamos que las comparaciones entre padres e hijos son inevitables y dejemos a un lado su conveniencia. Dado que existirá la comparación, parece ésta una actividad incrustada en nuestro ADN, deberemos también dar por sentado que, en el caso de las familias empresarias, también se producirá este proceso en el ámbito de los negocios. Es decir, ¿cuánto del modelo del fundador/a ha sido heredado por sus hijos? Este permanente ánimo de comparación puede producir diversos efectos en la persona que crece y más cuando el progenitor se ha caracterizado por ser una persona de éxito y de reconocimiento social en su entorno.

La sombra del padre puede ser muy alargada, y provocar diferentes reacciones entre quienes han de sucederle en la propiedad y gestión de la empresa. Una primera reacción puede ser la de renunciar a luchar en el mismo terreno de juego. Es decir, a sabiendas de que el listón del éxito está situado en un umbral de difícil alcance, uno busca refugio inconsciente en la renuncia a mantenerse en esa misma actividad. Cambiando de tercio se evita la comparación y se evita la posibilidad del fracaso por comparación. No estamos hablando de aquellos casos en los que los hijos deciden libremente dedicarse a otros quehaceres, tan sólo apuntamos que existen situaciones en las que es el miedo a no dar la talla lo que provoca el abandono.

Puede darse también la reacción contraria. Los éxitos del padre actúan como una presión añadida sobre quien, desde su condición de hijo, se cree obligado a superarlo en todos los frentes. Naturalmente, hay una parte positiva en esta reacción, puesto que actúa como un potente factor demotivación. Ahora bien, se dan casos en los que esta presión puede conducir a un exceso de temeridad. Podemos hallarnos en un escenario en que lo que importa es rebasar a toda costa la estrategia del progenitor sin tener en cuenta las necesidades y capacidades del propio proyecto empresarial. No es lo mismo la valentía que la temeridad.

Éstas son las dos situaciones más extremas de cuantas pueden vivirse cuando la sombra del padre es alargada. Ninguna de las dos es positiva, ni para la empresa ni para la familia. Ambas situaciones comparten el denominador común de corresponderse a actuaciones que, lejos de tener en cuenta las aspiraciones del individuo y las necesidades de la empresa, se corresponden con la necesidad de salir airosos del proceso de comparación que citábamos al principio.

En el primer escenario, se evita la comparación; en el segundo, se quiere salir airoso de ella a cualquier precio. Se confunde la comparación con la competición. Decíamos al principio que la comparación es inevitable. Siendo conscientes de ello, padres e hijos deberían hacer lo posible por evitarla o, al menos, rebajar su importancia comomotor de actividad vital y empresarial.

Ello obliga a los padres a no buscar constantemente en los hijos una copia de lo que ha sido su trayectoria vital, y también a los hijos a aceptar como un incentivo más el legado vital de sus progenitores que no debe añadirles un exceso de presión. Tener un padre great achiever, en terminología anglosajona, no debería ser nunca un problema, aunque la realidad nos demuestra sobradamente que puede llegar a serlo. La sombra del padre es alargada, pero incluso siendo así, no olvidemos que “al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”.

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