Noticias© Comunicación Institucional, 31/01/2008

Universidad de Navarra

Parece mentira

Autor: Guido Stein
Profesor del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 31 de enero de 2008

Publicado en: Expansión (Madrid)

Acabo de tener la oportunidad de preguntar a un conjunto de directivos de 58 empresas procedentes de 28 sectores económicos distintos a qué han dedicado los últimos días de trabajo. Las respuestas apuntaban mayoritariamente a revisiones (tomado como sinónimo de reducciones) de los planes en curso.

Se trata, claro, de planes comerciales, de proyecciones de ventas, de lanzamientos de nuevos productos y servicios, de incursiones en nuevos mercados…En definitiva, de reconsiderar planificaciones estratégicas, y lo que va siempre anejo: plantillas de empleados, si bien esta última coletilla se nombró tangencialmente; quizá por pudor, o porque, a pesar de lo que declara algún dirigente empresarial en la prensa estos días, todavía no toca abordar en su crudeza.

Cuando apliqué el segundo grado a este cordial interrogatorio, me interesé por las prioridades que les guiaban en la gestión de sus compañías. La unanimidad de los presentes apostaba por las ventas, si bien uno de los protagonistas apostilló, "y por su cobro". Se hizo un silencio. Entonces caí realmente en la cuenta de que las cosas están cambiando de veras en nuestro entorno empresarial.

Lo que en mi caso no habían logrado Bernanke, Trichet, Solbes, los vaivenes de la bolsa, las subprime o la crisis de compañías inmobiliarias, lo consiguió de pronto esa luz roja apuntando a los cobros. Hacía ya tantos años que los cobros no constituían de modo real un problema digno de consideración directiva, que me parecía mentira que volviésemos a las andadas con ellos.

Lo lógico, dicen los lógicos, es que el que compra, pague, o el que pida dinero prestado, lo devuelva; sin embargo, las nuevas realidades nos han recordado lo que casi habíamos olvidado, que las personas podemos tener, y de hecho tenemos, comportamientos imprevisibles (o lógicas distintas).

Naturalmente, a los directivos bancarios presentes les faltó tiempo para explicarnos la renovada importancia de las garantías reales para, en su caso, obtener financiación. Las previsiones de resultados (medidos como beneficios antes de intereses, impuestos y amortizaciones), avaladas con buenos ejercicios contables previos, que hasta hace pocos meses constituían una carta de presentación bien aceptada, ahora son insuficientes.

Parece como si de la noche a la mañana las proyecciones de futuro estuviesen bajo sospecha. Sin embargo, conviene no olvidar que los directivos prudentes combinan la sabiduría al observar la caja y la magnanimidad al encarar el futuro. Dicen expertos matemáticos y físicos que se ocupan de la conducta humana en sus decisiones económicas, que el peso de los motivos de índole psicológica es, de largo, superior al que atribuimos a los datos cuantitativos de que disponemos.

Estas explicaciones me generan dudas, pues me malicio que el discurso sobre las emociones y los sentimientos puede distraer la atención de otras razones más prosaicas. Lo que está claro es que hoy somos más ricos que en otros entornos adversos (resístase a la tentación de pensar en crisis), y también más miedosos: ¿tendrá que ver una cosa con la otra?

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