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Prueba de madurez

El atentado del 11 de septiembre demostró que los consumidores de información están alertas a los nuevos contenidos y a los nuevos medios: Internet estaba en el centro del debate
Autor: Ramón Salaverría
Director del Laboratorio
de Comunicación Multimedia
Universidad de Navarra
Fecha:  30 de septiembre de 2001
Publicado en:  Correio Braziliense (Brasil)

Muchas voces afirman que el ataque terrorista a Estados Unidos marcará un antes y un después en la política y la economía del Mundo. Las profundas repercusiones que sólo en unos pocos días ha producido ese acontecimiento en los gobiernos y mercados bursátiles de todos los países respaldan esa intuición. En un plano menor, pero a la larga también importante, parece que el fatídico 11 de septiembre de 2001 será asimismo recordado como una fecha clave en la evolución de la Red: el día en el que Internet demostró su madurez.

Internet nació hace cerca de 40 años como una red para preservar la seguridad militar de Estados Unidos. Se pretendía crear una estructura de comunicación descentralizada para garantizar que, en caso de ataque nuclear, no se pudieran destruir los nodos donde se almacenaba la información. Mediante la Red, denominada entonces Arpanet, la información estaba en todas partes y en ninguna, con lo que su destrucción era imposible.

Después llegó la historia que todos conocemos. De su original uso militar, la Red pasó a ser empleada también por centros de investigación y de ahí, gracias a ciertos avances en la intercomunicación de los ordenadores y al desarrollo de los lenguajes hipertextuales multimedia, se convirtió a lo largo de la década de 1990 en un canal principal de información que hoy día emplean casi 500 millones personas en el mundo.

Sin embargo, hasta el 11 de septiembre de 2001 la utilidad original de Internet, aquella para la que se pensó hace 40 años, nunca se había puesto a prueba de verdad. Y se puede decir que Internet ha superado esa prueba, aunque con matices.

El día del ataque terrorista el uso de Internet en el mundo, y particularmente en Estados Unidos, se disparó. Súbitamente, al tiempo que las cadenas de televisión retransmitían en directo las imágenes del drama en Nueva York y Washington, los internautas comenzaron a conectarse a la Red de forma masiva, como nunca antes había ocurrido en la breve historia de Internet. En cuestión de minutos, nodos principales de información como los sitios de CNN o The New York Times vieron cómo el número de internautas de todo el mundo saturaba sus servidores.

Esta repentina explosión informativa que siguió a las explosiones terroristas hizo, en efecto, tambalearse también a las torres de los grandes medios de Internet. La demanda superó cualquier expectativa previa y cogió desprevenidos a todos los medios digitales. Estos añadieron más servidores para evitar, con desigual fortuna, que la avalancha de internautas colapsara sus páginas. Muchos de esos medios (entre otros, The New York Times y CNN en Estados Unidos, Die Welt en Alemania, El Mundo en España, etc.) eliminaron casi todos los elementos gráficos de sus páginas y se centraron exclusivamente en la noticia del atentado. No es de extrañar que dados estos problemas de conexión, como ha revelado una encuesta realizada por Pew Internet & American Life, más del 80% de los estadounidenses confiara en la televisión para seguir el ataque terrorista mientras que sólo el 3% siguió las noticias por Internet. A pesar de ese pequeño porcentaje, el servicio en Internet de CNN alcanzó la impresionante cifra de 300 millones de páginas vistas en las 24 horas siguientes al atentado, una cifra que suponía multiplicar por diez la demanda habitual.

En cualquier caso, es evidente que la televisión ganó la batalla informativa: las imágenes que se vieron en directo fueron el espectáculo más impresionante que se haya retransmitido jamás por televisión. De igual modo, los diarios de toda América contaron con la ayuda de la hora temprana en la que ocurrió el atentado, ya que dispusieron de todo un día para planificar una de sus ediciones más históricas. Con los servidores saturados, los medios de Internet jugaron con desventaja: no podían alcanzar la espectacularidad de la televisión y además la trepidación de los acontecimientos les impedía aportar una mayor profundidad a sus informaciones. Los medios de comunicación en Internet sucumbieron ante la competencia de los medios tradicionales.

Este colapso sufrido por los grandes medios de la Red ha llevado a que algunos afirmen que Internet entera fracasó. Un análisis más reposado, sin embargo, invita a pensar que ese supuesto fracaso no fue tal.

Y es que, conviene recordarlo, Internet es mucho más que los medios digitales. Internet es también (quizá habría que decir, sobre todo) una plataforma de comunicación entre personas y un enorme almacén de información. En este sentido, el atentado permitió que Internet mostrara esas potencialidades mejor que nunca. Tras desencadenarse la tragedia, millones de personas utilizaron el correo electrónico en todo el Mundo para intercambiar sus impresiones, expresaron su rechazo en los foros y no pocos lo emplearon incluso para cerciorarse de que sus seres queridos en Estados Unidos seguían a salvo. Otros muchos buscaron información de fondo en los grandes archivos de la Red, acudieron a las páginas de las líneas aéreas para conocer el paradero de los vuelos, guardaron imágenes de una Nueva York que ya no existía...

Por otra parte, es de esperar que la experiencia del atentado produzca un efecto beneficioso en los medios digitales ya que, después del colapso del día del ataque, les empujará a mejorar tecnológicamente para evitar que se repitan esos problemas. Con una guerra a la vuelta de la esquina, es seguro que en breve llegarán grandes noticias que atraerán de nuevo el interés masivo de todo el Mundo. En ese momento podremos comprobar si el toque de atención del 11 de septiembre ha servido a esos medios para algo.

Pero, sobre todo, si el atentado sirvió para poner al descubierto ciertas debilidades de los medios informativos digitales, también ha servido para comprobar, aunque de un modo insospechado por sus creadores, que Internet funciona como un canal de comunicación imposible de cortocircuitar. El viejo sueño de hace 40 años ha tenido éxito.

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