Noticias
Opciones
30/05/2009

La deflación no es un problema

Autor: Markus Kinateder
Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales
Universidad de Navarra

Fecha: 30 de mayo de 2009

Publicado en: Expansión (Madrid)

El IPC está en terreno negativo durante los últimos meses, después de alcanzar una tasa superior al 5% hace un año. Muchos se preguntan si parará la bajada de precios a tiempo para no caer en un círculo vicioso de deflación, como Japón durante ésta y la pasada década.

En este círculo, empresas y consumidores aplazan grandes inversiones o compras, con la expectativa de encontrar los mismos bienes a un precio más bajo en poco tiempo. Esperarán hasta que los precios ya no caigan más.

Estas expectativas provocan una pronunciada y larga deflación, ya que una menor demanda conlleva un ajuste de la oferta y otra bajada de los precios. Aparte de esto, la deflación aumenta la cantidad real que los deudores tienen que devolver, dado que los sueldos, beneficios y todos los demás ingresos bajan mientras la cantidad de la deuda no disminuye.

No obstante, a pesar de que a partir de las observaciones anteriores se pudiera concluir que la zona del Euro se ve amenazada por la llegada de la deflación con todas sus consecuencias, esto no tiene por qué ocurrir así. Por un lado existe un efecto estadístico en la tasa interanual de IPC.

Mientras hace un año subió mucho, por causa de los altos precios del petróleo y de otras materias primas que aumentaron de manera generalizada los precios de todos los productos, a lo largo de poco menos de un año retrocedieron los precios de las materias primas, incluido el petróleo, en un 75%.

Adicionalmente, la crisis económica global causó una fuerte caída de la demanda de consumidores y empresas. Como la oferta no se ajustó al mismo ritmo, sino a uno más lento, bajaron los precios, simplemente para atraer compradores.

Ambos efectos ya están invirtiéndose. Por un lado aumenta el precio del petróleo y de otras materias primas desde su punto más bajo. Por el otro, disminuye el nivel de producción pues las empresas ajustan su capacidad cerrando fábricas, despidiendo a empleados o usando EREs temporales. Ambos efectos contribuirán a una tasa de inflación positiva.

A esto hay que sumar las medidas de los bancos centrales y de los estados contra la crisis. Mientras los primeros flotan la economía con liquidez, los segundos con programas coyunturales ayudan a aumentar la demanda. Ambas medidas deberían hacer subir el IPC a medio plazo. Adicionalmente, la mayoría de los datos económicos indica que se para el ritmo de la caída y hay esperanza de que vuelva a crecer la economía al final de este año.

Bolsa en alza

También sube la bolsa desde su nivel más bajo, que es un indicador temprano de una mejora de la economía. De cualquier manera, sumando los efectos, todo indica que el IPC no va a bajar durante mucho más tiempo y hasta puede alcanzar niveles normales (entre el uno y dos por ciento) al final de este año.

De esta evolución prevista de la inflación se puede concluir que los tipos de interés no van a bajar mucho más y dentro de un año estarán probablemente a un nivel más alto que hoy. Entre las economías europeas esta evolución de los tipos de interés perjudicaría especialmente a países como España o Irlanda, por el elevado nivel de endeudamiento de sus consumidores. En el caso de España se añade el hecho de que se encuentre en un ciclo de contracción económica (no causada únicamente por la crisis global).

Junto con los ya conocidos problemas estructurales, un aumento de los tipos de interés significaría un agravamiento enorme en el objetivo de alcanzar una tasa de crecimiento como las vistas en la última década. Este es una razón más para hacer hincapié en la urgencia de llevar a cabo reformas estructurales, como principal medida para sacar a la economía española de la contracción económica. Mientras el tipo de interés lo determina el BCE en Francfort, los cambios estructurales debe realizarlos el gobierno español en Madrid.

© Universidad de Navarra | Acerca de la web | Contacto