Noticias© Comunicación Institucional, 29/11/2007

Universidad de Navarra

Un escenario sombrío, pero evitable

Autor: Antonio Moreno Ibáñez y Jon Izaguirre
Facultad de CC. Económicas y Empresariales
Universidad de Navarra

Fecha: 29 de noviembre de 2007

Publicado en: Expansión (Madrid)

Recientemente, Hugo Chávez y Mahmoud Ahmadinejad declararon que el petróleo está actualmente muy barato y que, por tanto, su precio debería incrementarse hasta, por ejemplo, 200 euros el barril. A primera vista podría parecer chocante que dijeran esto en un momento como el actual, de precios ya muy altos. Sin embargo, episodios como éste, ponen de manifiesto el daño potencial que estos dos individuos pueden infringir a la economía internacional.

Si bien es cierto que la economía mundial no pasa en su conjunto por una fase excesivamente delicada, la crisis hipotecaria del verano ha destapado definitivamente el riesgo financiero-macroeconómico que más venía preocupando en Estados Unidos, Europa y España: el excesivo y concentrado endeudamiento del sector privado, así como el elevado nivel de inversiones inmobiliarias. Tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo actuaron con rapidez y eficacia ante la crisis veraniega inyectando liquidez en la economía masivamente. A día de hoy podemos comprobar cómo han sido numerosos los bancos europeos y americanos que se han visto afectados por la crisis hipotecaria, aunque en España los efectos no han sido de elevada notoriedad, ya sea por el conservadurismo financiero que nos caracteriza o por confiar en un crecimiento estable. En definitiva, ahora mismo estamos asistiendo a un reajuste en los balances de los bancos comerciales, que se hallan midiendo el alcance de dicha crisis.

Pero la crisis hipotecaria sigue estando latente. La demostración más clara de ello es que la Reserva Federal ha seguido bajando los tipos, incluso a pesar de las tensiones inflacionistas procedentes de la continua depreciación del dólar. Muestra clara de que no las tiene todas consigo. Es muy probable que estén apostando por una bajada de los tipos de interés de intervención para compensar las subidas en las primas de riesgo de los préstamos hipotecarios que los mercados han venido dictaminando últimamente.

El caso es que una subida potente de los precios del crudo puede ser –ahora sí- el germen de una recesión internacional de graves consecuencias. El lector se preguntará porqué ahora sí y en los cinco últimos años no. Según un interesante estudio de Olivier Blanchard y Jordi Galí (1), las últimas subidas de los precios del petróleo no ha tenido los devastadores efectos de los años 70 (a pesar de ser shocks de magnitud similar) por varias razones: políticas monetarias más creíbles, menores rigideces de salarios reales, un menor peso del petróleo en la economía y ausencia de otros shocks adversos. Pero claro, subidas adicionales en el precio del crudo situarían a Estados Unidos en un escenario mucho más peligroso por la combinación de dos factores. Primero, las subidas acumuladas de los precios del crudo serían ya de un orden de magnitud bastante superior a las de los últimos años (o a las de los años 70). Y segundo, dichas subidas coexistirían con la persistente pérdida de valor del dólar en los mercados de divisas, que sigue encareciendo los productos extranjeros comprados en Estados Unidos. Es por tanto difícil pensar que los distintos índices inflacionarios no fueran a reaccionar al alza de forma peligrosa en semejante coyuntura. Y una vez que la inflación -después de unos 25 años- volviese a asomar su fea cabeza por Estados Unidos, la situación sería ya muy preocupante.

Preocupante porque la Fed tendría que subir los tipos de interés, que es precisamente lo que ahora está intentando evitar. Los shocks de oferta son siempre los más complejos de gestionar para los bancos centrales, pero esto es especialmente cierto en la actualidad, cuando subidas en los tipos ahogarían a los bancos –que ya están reduciendo el crédito-, a las empresas –que verían recortados sus flujos de financiación- y a los individuos –endeudados hasta las cejas y que verían encarecer sus hipotecas-. En definitiva, Estados Unidos entraría en un ciclo vicioso de graves consecuencias financieras y reales.

¿Y Europa? Después de todo, el euro se está apreciando con respecto al dólar y, por tanto, no acabamos de sentir con fuerza el incremento en el precio del crudo. Parecería por tanto que no corremos el riesgo de Estados Unidos. Pues bien, Europa estaría también en peligro, quizá no tan inmediato, puesto que no está viendo subir sus precios por la depreciación de su moneda. Sin embargo, pronto empezaría a sufrirla ante el ajuste americano de mayores tipos de interés y una presumible apreciación de su moneda. Además, siendo Estados Unidos el motor de la economía global, Europa notaría pronto menores inversiones, así como un ajuste negativo de la balanza externa. El efecto contagio no tardaría en llegar.

Hemos expuesto en estas líneas un escenario futurible claramente poco halagüeño, pero al mismo tiempo evitable. Sin abundar en el “pero: ¿os queréis callar?”, sería deseable que los países que conocen su potencial desestabilizador dejen de jugar con él.

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