Noticias© Comunicación Institucional, 29/05/2006

Universidad de Navarra

Joni Mitchell no ama la MTV

Autor: Alejandro Navas
Profesor de Sociología
Universidad de Navarra

Fecha: 29 de mayo de 2006

Publicado en: Diari de Tarragona

Ha vuelto a caer en mis manos estos días la entrevista que concedió Joni Mitchell hace casi cuatro años a la revista Rolling Stone, con motivo de la edición de su último album, Travelogue. La vieja reina del folk-jazz tenía entoces 58 años. Su voz sonaba cascada debido a la edad y a los efectos del tabaco al que nunca quiso renunciar, pero quien tuvo retuvo y sus todavía numerosos fans pudimos disfrutar de nuevo con su música tan especial.

El mismo título del album, 'Crónica de viaje', daba la pauta de sus declaraciones, que adquirían un cierto carácter de balance de toda una vida rica en avatares y altibajos. Joni aprovechaba esa oportunidad para ajustar las cuentas con la industria de la música pop. Sus ataques se dirigían de modo especial contra la cadena televisiva MTV, a la que reprochaba haber convertido la sexualización del baile en el núcleo de su programación. No hablaba tan solo en general, sino que se refería por ejemplo a su nieta de tres años, a la que había sorprendido recientemente contorneándose con gestos procaces al ritmo de la música, a imitación de las go-go girls que actúan en los videoclips. "La influencia de un canal como MTV sobre los niños y adolescentes sólo puede calificarse de tragedia", añadía. "Me avergüenzo profundamente de haber formado parte de ese mundo y prefiero arruinarme antes que continuar ayudando a que esa gente se siga llenando los bolsillos a nuestra costa".

Atrás quedaban los locos años sesenta y setenta de nuestra juventud, en los que estrellas como la misma Mitchell encabezaban una revolución cultural cuyo programa se expresaba en el lema Sex&Drugs&Rock' n Roll. Todos maduramos con el paso del tiempo, y mucho más cuando se tiene la responsabilidad de educar a hijos o nietos.

Preocupa a nuestras autoridades que los niños y adolescentes se inician cada vez más temprano en las conductas de riesgo. A la vez, esas mismas autoridades favorecen la banalización del sexo, que todo lo invade. Basta pensar en el enfoque de las campañas de prevención contra el sida o en el de la educación sexual que se imparte en la escuela. Igual es que se considera positivo que los adolescentes no se priven de ese placer, pero entonces no resulta coherente que se denuncie luego como grave problema el continuo incremento del número de embarazos de adolescentes (que lleva consigo el correlativo aumento de abortos). La madurez puede definirse precisamente como el reconocimiento de que las acciones de uno tienen consecuencias, y no es seguro que éste sea uno de los frutos más característicos de nuestro sistema educativo.

El testimonio de gente como Mitchell -puro sentido común no contaminado por planteamientos ideológicos-, que conoce desde dentro los entresijos de ese mundo, me parece especialmente significativo, si es que no hemos perdido del todo la capacidad de escarmentar en cabeza ajena.

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