Noticias© Comunicación Institucional, 29/03/2006

Universidad de Navarra

El precio de no escuchar a las audiencias

Autor: Francisco Javier Pérez Latre
Facultad de Comunicación
Universidad de Navarra

Fecha: 29 de marzo de 2006

Publicado en: Diario de Navarra

La Comisión Federal de Comunicaciones estadounidense (FCC) ha multado a varios programas por presentar contenidos inadecuados para la televisión en abierto, a la que tienen acceso todos los públicos. Uno de los programas es la conocida serie Without a Trace, que en España emite Antena 3 bajo el título “Sin rastro”. Without a Trace ha recibido una multa de 3,6 millones de dólares que afecta tanto a la cadena como a sus 111 estaciones afiliadas. No se trata del único programa penalizado, pero es el único entre las grandes cadenas y el más conocido entre los que se emiten en horarios de máxima audiencia. De este modo, la comisión que Kevin Martin dirige desde hace un año, hace uso de su potestad sancionadora para seguir penalizando algunos comportamientos en el mercado de la televisión.

En un contexto cultural en el que ridiculizar a Estados Unidos es una práctica que se le supone a cualquier intelectual, los medios españoles han reaccionado con cierta displicencia. Se considera ridículo que a estas alturas existan organismos que impongan controles a los contenidos televisivos y que califiquen ciertos programas de televisión como “indecentes”.

Sin embargo, con esas multas oficializadas el pasado 15 de marzo, la FCC quiso dejar claro que actúa en respuesta a la preocupación de amplios sectores de la ciudadanía (300.000 quejas) sobre los contenidos de la televisión. En su decisión, la FCC quiso atender quejas de la audiencia sobre 50 programas emitidos entre febrero de 2002 y marzo de 2005. La audiencia tiene derecho a opinar y sus quejas deben ser analizadas. Las cadenas de televisión están acostumbradas a no dar cuenta de su comportamiento. Una sociedad civil participativa posiblemente merece más.

Los reguladores estadounidenses consideran que la televisión en abierto no puede tener cualquier contenido y establecen algunas restricciones. Se estima que su carácter de acceso libre hace que cualquier persona pueda acceder a la programación, incluido el público infantil y juvenil que es susceptible de protección. Con un planteamiento discutible -pero con cierta lógica-, se considera que los contenidos de las emisiones que se realizan por cable o satélite no están vinculadas por los mismos parámetros: el suscriptor de tales servicios de televisión es responsable de contenidos que ha pagado y no son de acceso universal.

Cuando se habla de Consejos Audiovisuales y de Defensores de la Audiencia o del Espectador en cadenas españolas, estas experiencias estadounidenses tienen interés. Pocos discuten que los contenidos televisivos tienen efectos sociales. Los profesionales se dan cuenta también de que las audiencias tienen derecho a opinar. Tal es precisamente la misión del regulador: plantear las reglas del juego y asegurar que todos los actores en el mercado ponen en práctica mecanismos para escuchar a las audiencias y dar cauce adecuado a sus quejas.

Un cliché habitual de la industria de la televisión afirma que “se da al público lo que el público pide”. Pues eso. Habrá que escuchar a las audiencias y asegurar su participación. La FCC ha puesto de manifiesto cómo los reguladores pueden contribuir a que las audiencias alcen su voz.

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