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Noticias © Comunicación Institucional, 28/10/2004Universidad de Navarra
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Don Quijote o el ideal de amor, justicia y libertad
Autor:Carlos Mata Induráin
Universidad de Navarra
Fecha: 28 de octubre de 2004
Publicado en:  La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Don Quijote es, junto con don Juan y la Celestina, uno de los grandes mitos aportados por España a la literatura universal. Héroe de enorme hondura, presenta una personalidad compleja, en la que destaca su impulso de vida, la coherencia de su proyecto vital. Sale a los anchos campos de Castilla a forjar su destino personal, a hacer realidad sus sueños de amor, justicia y libertad: una triada de sentimientos por los que Alonso Quijano el bueno se transforma en don Quijote de la Mancha, por los que el hidalgo manchego sueña ser y es verdadero y real caballero andante. Por todos esos sueños que atesora en su corazón no le dolerán las derrotas y los molimientos, los golpes y las magulladuras, las burlas y las incomprensiones de las gentes. Porque él se guía tan solo por la luz deslumbradora del ideal. Porque en su largo caminar nuestro inmortal loco-cuerdo soñará siempre con cielos azules y horizontes despejados. Porque perseguirá una quimera que sabe que jamás alcanzará, pero siendo consciente de que lo bello y lo sublime está precisamente en esa búsqueda. Porque cada paso que da le acerca a esa alta, lejana e imposible utopía. Y esa es su derrota y su victoria, su fracaso y la causa de su gloria imperecedera, su magistral enseñanza (de don Quijote, de Cervantes): la de un hombre que sale a luchar por los caminos de las Españas (en realidad, los caminos del universo entero) en pos de un ideal de amor, justicia y libertad.

¡Qué magnífica enseñanza la que nos brinda Cervantes a través de su inmortal criatura! Que los hombres han de luchar siempre por hacer realidad sus sueños, aunque el camino para lograr ese objetivo esté alfombrado de amarguras. Porque el de don Quijote no es, ciertamente, un camino de rosas. En todo caso, un camino de rosas... y de espinas. Y en ese peregrinar, Alonso Quijano se hace don Quijote y, tras recorrer su sendero, retorna a su lugar natal para ser de nuevo Alonso Quijano y morir cuerdo en su cama, acunado en el calor del hogar, rodeado de su familia y sus amigos. Él supo hacer realidad su destino de caballero andante, precisamente porque jamás tuvo miedo a hacerlo realidad; porque nunca le amedrentaron las dificultades; porque jamás temió enfrentarse con la dura realidad con la que continuamente chocaban sus sueños de gloria y sus fantasías caballerescas, que no eran quimeras, que eran ideal.

Don Quijote se ha hecho fuerte en todas estas luchas, como se hace fuerte quien se enfrenta con el hierro a cuerpo descubierto, porque de ese hacer frente con el cuerpo desnudo al hierro -el hierro-yerro del no-amor, de la injusticia, de la falta de libertad- uno sale bien forjado en su temple... o roto. Y así sale Alonso Quijano de todas sus luchas, roto como hombre y templado como caballero andante, como héroe. Y esa es la enseñanza: todo hombre que lucha por un ideal es un héroe que jamás podrá ser vencido en su fuero interno, aunque sufra, una tras otra, mil derrotas, aunque sus huesos queden molidos y rotos en descomunales batallas con molinos, cueros de vino o rebaños de ovejas.

Quijotadas, pensarán algunos. Pero ¡ojalá nuestras vidas estuviesen repletas de tales quijotadas! Porque don Quijote sale al camino haciendo uso de su libertad, y en ese ejercicio de su libertad sufre y goza, padece y es herido, tiene altibajos de alegría y pesar. Y lo vemos en ese constante tira y afloja entre el sueño y la realidad, el sueño caballeresco que eleva su alma y la hace volar por las altas regiones del ideal, y el peso de la cruda realidad que lo apega a la tierra. Don Quijote, como Cervantes, sabe hacer suyo el bello verso de Gelasia: "libre nascí y en libertad me fundo". Libre. Y también justiciero. Y enamorado. Así vemos a don Quijote: como irrepetible personaje literario, a un mismo tiempo símbolo y hombre de carne y hueso, con las mismas pulsiones que nosotros; pero, sobre todo, como el dueño de un corazón valiente que, con denuedo, hace realidad sus sueños. Como un auténtico caballero eterno del ideal que sale en busca de aventuras y de ventura.

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