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Vuelve el laicismo
Autor:Josep-Ignasi Saranyana
Profesor de la Facultad de Teología
Universidad de Navarra
Fecha: 27 de julio de 2003
Publicado en:  La Vanguardia (Barcelona)

Con la marcha triunfal de Rubén Darío podríamos decir: "¡Ya viene el laicismo! Ya viene el laicismo..." Las aguas andan, en efecto, muy agitadas: se debate sobre la Constitución Europea ("no impliquen a los dioses en la UE"); una coordinadora laicista lanza proclamas en Albacete ("la religión salga de la escuela pública"); se oyen insultos desde el Ebro contra Juan Pablo II ("el polaco")... Hay una verdadera campaña en los medios para encerrar lo religioso, sobre todo lo cristiano, en el santuario de la conciencia. Creíamos que tales intolerancias habían sido enterradas con el XIX y primera mitad del XX, pero estábamos equivocados. Y no sólo en España.

El Papa ha hablado de un "lento y progresivo avance del laicismo", que pretende que los símbolos cristianos se conviertan en un mero vestigio del pasado. A lo cual se añade la "pérdida de la memoria ", que va unida a cierto miedo en afrontar el futuro. Nos hallamos ante una crisis importante de Europa, que, por ser incruenta y poco dramática, es tal vez más peligrosa.

Europa ha sido, sin mérito por su parte, una pieza fundamental de la evangelización. Y lo seguirá siendo. Pero, si los europeos abandonamos la escena, nadie suplirá nuestra ausencia.

Los políticos europeos (ciudadanos con una misión trascendental) deberían considerar que el dramático descenso de la natalidad, la resistencia, cuando no el rechazo, a tomar decisiones definitivas de vida incluso en el matrimonio, el rebrote de conflictos étnicos, el deterioro del concepto de familia, el resurgir de algunas actitudes racistas, las mismas tensiones interreligiosas, la búsqueda obsesiva de los propios intereses y privilegios pisoteando a los mas débiles y tantas cosas más (citadas todas ellas por el Papa), no son banalidades. Tampoco son cuestiones que deban preocupar, en el mejor de los casos, sólo al clero.

En la solución de esa "difusa fragmentación de la existencia" nos jugamos el futuro de Europa. Y ahí el cristianismo tiene mucho que decir, y su historia, mucho que enseñarnos. No seamos desagradecidos con el pasado. ¿Acaso nos aqueja un "alzheimer" colectivo?

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