Noticias© Comunicación Institucional, 26/11/2006

Universidad de Navarra

¿Ha fracasado la ley contra la violencia de género?

Autora: Elena Íñigo
Facultad de Derecho
Universidad de Navarra

Fecha: 28 de noviembre de 2006

Publicado en: Diario de Navarra

No parece posible hablar de la llamada violencia de género sin hacer referencia a las cifras. En este año 60 mujeres han perdido la vida en nuestro país a manos de sus parejas o ex parejas. Estas cifras de homicidios o asesinatos revelan que las reformas legislativas recogidas en la LO 1/2004 de Protección integral contra la violencia de género no están surtiendo efecto. Parece que la ley no cumple las expectativas pero, como en todo caso, eso depende de cuáles sean estas expectativas.

La ley ha fracasado si tenemos únicamente en cuenta la función intimidatoria que posee. En los supuestos de violencia de género la ley apenas intimida. Sobre todo, porque va dirigida a sujetos difícilmente intimidables, ya que son, en su mayoría, delincuentes pasionales y, por ello, irracionales. El maltratador doméstico no responde al perfil de sujeto racional que valora las ventajas y los perjuicios que una actuación de este tipo le puede causar. Esto demostraría que los incrementos de pena en estos delitos no tienen efectos disuasorios relevantes.

Por otra parte, esta ley no está dirigida de manera directa a evitar homicidios y asesinatos. De hecho no incluye ninguna agravación de pena específica cuando estos se cometen por cuestiones de género o en un entorno doméstico, sino que está dirigida a evitar actos de violencia física y psíquica. Regula, de manera principal, la sanción de los malos tratos. Y en esta materia, sí está resultando fructífera. Estas acciones se persiguen duramente y permiten la imposición de medidas cautelares y otras de protección que antes no se podían establecer. En este sentido, la represión de estos actos es más dura. Sin embargo, la función disuasoria en los malos tratos también es muy escasa.

Este panorama evidencia lo insatisfactorio del Derecho penal como único medio de solución. Hay que preguntarse si es necesario seguir empeñados en modificar de nuevo la ley penal, o si acaso el Derecho penal no es el instrumento adecuado en la lucha contra la criminalidad violenta de género. Es obvio que éste debe actuar con toda su virtualidad preventiva y, como no, también represiva, pero también lo es que esto no basta.

La violencia de género es demasiado compleja como para dejar su solución únicamente en manos de la ley penal. Es necesaria una intervención en otros órdenes. Por un lado, tras los episodios de violencia de género, intentar que no acaben en homicidios o asesinatos. En este sentido hay que potenciar medidas policiales, asistenciales y sociales como albergues, grupos de ayuda legal, grupos de apoyo y servicios de orientación. En esta línea la ley ha apostado por un cambio desde la raíz del problema empezando por el proceso de socialización y de educación (para evitar que estos hechos se produzcan). Por otro lado, es necesario crear nuevos y efectivos medios de ayuda a las víctimas a través del reconocimiento de derechos como el de información, asistencia gratuita y otros de protección social y apoyo económico además de la intervención propiamente jurídica.

Las vías de solución a este problema deben tener carácter preventivo y las medidas tienen que estar relacionadas con un proceso creciente e importante de socialización, sensibilización y educación. Por esta línea ha apostado también la ley contra la violencia de género. Pero quien realmente tiene que apostar por cambiar las cosas es la sociedad en su conjunto. La igualdad y el respeto a los otros no son conceptos que pueden ser impuestos. Tienen que nacer de un sentimiento íntimo y profundo que se consigue con una formación y educación en la igualdad y en el respeto. Esta será la mejor prevención contra el delito.

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