Noticias© Comunicación Institucional, 26/10/2005

Universidad de Navarra

Un nuevo maestro para la Fed

Autor: Antonio Moreno
Facultad de CC. Económicas y Empresariales
Universidad de Navarra

Fecha: 26 de octubre de 2005

Publicado en: Expansión (Madrid)

George W. Bush acaba de proponer a Ben Bernanke como sucesor de Alan Greenspan al frente de la Reserva Federal. Su nombre aparecía en todas las quinielas junto a Glenn Hubbard - catedrático de Columbia- y Martin Feldstein - catedrático de Harvard- .

Curiosamente, los tres han sido presidentes del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, los dos primeros bajo George W. Bush y el tercero en la era Reagan.

Esta vez W no se ha equivocado. Sin duda alguna, Bernanke era el más capacitado de los tres para el cargo.

Bernanke, hasta julio catedrático de Princeton, es uno de los macroeconomistas más lúcidos que ha dado la academia en los últimos 25 años. Aunque sus contribuciones académicas son variadas, su trabajo se ha centrado en el análisis de la Política Monetaria. En sus dos artículos probablemente más famosos, aborda los efectos de las sorpresas monetarias en las variables macroeconómicas desde el final de la II Guerra Mundial y el papel jugado por los bancos comerciales en la propagación de la Gran Depresión. Son dos botones de muestra en los que se demuestra de una manera transparente la utilidad de los conocimientos económicos y estadísticos a la hora de explicar y predecir situaciones económicas relevantes. Si algo se puede subrayar de su trayectoria académica es su capacidad de generar sinergias entre la intuición y los modelos económicos, entre el sentido común y las técnicas econométricas más actuales.

La trayectoria de Bernanke no se ha limitado al ámbito universitario. Toda su carrera ha estado en contacto con bancos centrales y organismos internacionales. En agosto de 2002 fue nombrado gobernador de la Reserva Federal, donde tomó parte activa en las decisiones de política monetaria. Bernanke llegó al cargo en momentos especialmente difíciles para la autoridad monetaria. La economía norteamericana estaba bajo los efectos de la psicosis terrorista y la recuperación macroéconómica no había llegado al mercado de trabajo. Al mismo tiempo, la economía estadounidense estaba empezando a dar signos de posible deflación, uno de los escenarios más temidos históricamente en Estados Unidos, donde la Gran Depresión todavía ronda en las cabezas de muchos economistas y políticos. Alan Greenspan y la Reserva Federal actuaron como se esperaría en tal situación: bajando los tipos de interés. Esta dinámica de bajada de tipos acabó cuando éstos se acercaron a cero, territorio altamente peligroso para el manejo de la política monetaria, puesto que el margen para futuras bajadas se reduce al máximo. Fue entonces cuando Ben Bernanke lideró intelectualmente el enfoque de la Fed ante tal situación. Señaló acertadamente la existencia de instrumentos monetarios alternativos en situaciones de emergencia: compra de bonos privados, de deuda extranjera y establecimiento de techos a los tipos de interés a largo plazo con la intención de provocar una caída en los costes de financiación del gobierno y las empresas para así dinamizar la economía.

Bernanke tiene no pocos retos delante de sí. Ente ellos cabe destacar el impacto que los altos precios del petróleo están empezando a tener en los distintos bienes y servicios. Pero quizá el reto más importante que Bernanke tenga entre manos sea sustituir a Alan Greenspan al frente de la Fed. Y esto no sólo por la indudable valía de Greenspan, sino por su papel como ancla estabilizadora de la inflación y los mercados financieros. Si alguna decisión tomada por la Fed durante estos años ha sido discutida, es la negativa a anunciar públicamente su estrategia de política monetaria en términos de objetivos numéricos de inflación. Algunos han hablado incluso de un legado de doble filo dejado por Greenspan o de asignatura pendiente de la Fed. Hasta ahora, la carencia de una estrategia monetaria más explícita por parte de la Fed ha sido suplida con creces por el saber hacer de Greenspan, al que los mercados financieros mundiales escuchan y obedecen sistematicamente, ya que destila credibilidad por los cuatro costados. Precisamente por esto, muchos economistas llevan años haciendose la misma pregunta: ¿Cómo reaccionará el sector privado ante un escenario sin Alan Greenspan? Pues bien, estamos a punto de presenciar tal escenario.

Afortunadamente estamos en buenas manos

Con Bernanke nos hallamos ante un experto en las distintas facetas de la política monetaria, entre ellas la formulación e implementación de estrategias monetarias explícitas. Uno de sus últimos trabajos versa sobre este tema: "The Inflation-targeting debate" (El debate sobre los Objetivos de Inflación). Esta estrategia monetaria, probablemente la más moderna de la actualidad, se basa en cuatro pilares: uso minucioso de todos los datos micro y macroeconómicos disponibles, comunicación fluida y transparente con el sector privado, fijación de objetivos de inflación concretos y compromiso legislativo para cumplirlos. De todos ellos, la Fed en la actualidad sólo sigue el primero, y, en cierta medida, el segundo. Muy probablemente Bernanke estará considerando implementar una estrategia más completa en términos de objetivos, a la que se ha resistido Greenspan. La cuestión es, ¿podrá llevarla a cabo? Pienso que sí, el momento ha llegado. No se trata de hacer las cosas de una manera esencialmente distinta a la llevada hasta ahora por Greenspan. Se trata de implementar un marco sólido, fiable y conocido por todos los agentes económicos, que tenga un arraigo estable y duradero, como nos muestra, por ejemplo, el Banco de Inglaterra.

Como es conocido, las decisiones de política monetaria de la Fed se adoptan de un modo colegial. Los gobernadores que han tomado decisiones junto a Greenspan han resaltado la libertad que éste les daba para emitir sus juicios y expresarse con claridad en las reuniones del Comité de Operaciones de Mercado Abierto. Al mismo tiempo, señalan que en la mayoría de las ocasiones, todos se alineaban con Greenspan, cuyas dotes persuasivas convencían de manera sistemática a los gobernadores y a los mercados financieros. No cabe duda, hasta ahora teníamos un genio al frente de la Fed.

Todo cabe indicar que a partir de ahora tendremos otro maestro en el manejo de los tipos de interés. Otro maestro y una estrategia monetaria más depurada.

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