Noticias© Comunicación Institucional, 25/06/2006

Universidad de Navarra

Benedicto XVI y su misión petrina

Autor: Josep-Ignasi Saranyana
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 25 de junio de 2006

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

El día 29 se celebra la solemnidad de San Pedro, que es también la fiesta del Romano Pontífice, su sucesor. Ante la próxima visita pastoral del Santo Padre a España, parece oportuno una breve reflexión sobre el ministerio petrino.

Benedicto XVI ha dedicado dos catequesis a la figura de Pedro, que tuvieron lugar en mayo de 2005, al poco de su elección. Es obvio que el Santo Padre había meditado mucho, en aquellos días, sobre su nuevo ministerio, y que trasmitía sintéticamente algunas conclusiones de su oración.

En la primera catequesis, Benedicto XVI reconstruyó la vocación de Pedro. Subrayó algunos rasgos psicológicos de su rica personalidad, destacando sus sucesivas conversiones. La primera de ellas, en Cesarea de Filipo. Allí, por inspiración divina, el apóstol comprendió que la misión de Cristo era divina. Aunque Pedro iniciaba un largo itinerario espiritual, por su boca había hablado ya la futura fe de la Iglesia.

En la segunda catequesis, analizó Benedicto XVI la reacción de Pedro ante el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. El apóstol descubrió, al oír la explicación de Jesús, que el reinado de Cristo no era temporal, como esperaba el pueblo. El Mesías ofrecía su carne para la salvación de la humanidad. Y, por ello, cuando muchos se escandalizaron de Cristo, Pedro se adelantó aceptando el misterio de la muerte de Jesús. Su fe era todavía incipiente, pero estaba abierta a un fecundo futuro, como se comprobaría en el día de Pentecostés.

La fe de Pedro, su generosidad y su disponibilidad no fueron óbice, sin embargo, para una caída estrepitosa. Después de la Resurrección, Cristo le exigió una triple declaración de amor, como tres habían sido las negaciones. Desde entonces, el apóstol fue consciente de su debilidad; de una flaqueza que contaba con un apoyo muy especial del Maestro.

¿Cómo no adivinar, en estas consideraciones, el ánimo de Benedicto XVI? Consciente de que su vida había sido dirigida providencialmente a Roma, y advertido de su personal debilidad, el Papa se apoyaba en la fortaleza de Dios, que sostiene especialmente al sucesor de Pedro, para que su fe no desfallezca.

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