Noticias© Comunicación Institucional, 24/11/2005

Universidad de Navarra

Amadeo de Fuenmayor: Un hombre bueno y prudente

Autor: Rafael Domingo
Catedrático de Derecho Romano
Universidad de Navarra

Fecha: 24 de noviembre de 2005

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

A quienes desde hace bastantes años seguíamos de cerca su larga enfermedad, fuente para él de profunda alegría interior y gozosa purificación, no nos ha sorprendido el fallecimiento en la Clínica Universitaria de este vir bonus que fue Amadeo de Fuenmayor Champín. Ha muerto, incluso físicamente, en el lugar donde dejó gran parte de su vida y sus ilusiones: la Universidad de Navarra, en cuya puesta en marcha contribuyó decisivamente.

Siendo estudiante de Derecho en la Universidad Literaria de Valencia, conoció a san Josemaría Escrivá en uno de los viajes apostólicos que este entonces joven sacerdote realizó al Levante. El 10 de junio de 1939, al terminar una tanda de ejercicios espirituales, pidió don Amadeo la admisión en el Opus Dei. Desde ese momento, la Obra, compuesta por un puñado de jóvenes entusiastas, pasó a erigirse en columna vertebral de su entera existencia. Al tiempo de su muerte, era el miembro más antiguo de esta prelatura de la Iglesia católica.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia (1940) con matrícula de honor en todas las asignaturas de la carrera y premio extraordinario, en 1941 se doctoró en Derecho Civil, en la Universidad de Madrid, con una tesis doctoral sobre La revocación de la propiedad, que ya tenía escrita antes de licenciarse. Dirigió formalmente su tesis el gran Nicolás Pérez Serrano. Mereció por su trabajo doctoral el Premio Extraordinario. Lo compartió con el procesalista Fenech, el civilista y contrincante de oposición Antonio Hernández Gil y el romanista Álvaro d'Ors. En 1943, Amadeo de Fuenmayor ganó en reñidas oposiciones, presididas por don Felipe Clemente de Diego, la cátedra de Derecho Civil de la Universidad de Santiago de Compostela.

Los años gallegos marcaron su carácter. Gustaba de contar la famosa anécdota que sucedió en un claustro universitario presidido por el rector Legaz Lacambra. Dada la complejidad de un problema, el rector quiso someterlo a votación de sus compañeros claustrales. El primero comentó que el tema era tan difícil que él no tenía opinión propia y que votaría con el rector. El segundo dijo lo mismo, que votaría lo que el rector, y así sucesivamente todos los profesores se fueron sumando a esta propuesta de votar con el rector. Cuando llegó el turno a éste, con gracia, sentenció: "pues yo..., yo votaré con la mayoría".

De 1944 a 1948 Fuenmayor fue secretario de la delegación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Galicia. Después pidió la excedencia voluntaria y se trasladó a vivir a Madrid, donde se ordenó sacerdote el 14 de noviembre de 1949. A partir de entonces, con una sencilla y armónica unidad de vida, compatibilizó su intensa labor pastoral con su, algo mermada, dedicación al Derecho.

En una visita del civilista Francisco Sancho Rebullida al maestro don Federico de Castro, éste se interesó por don Amadeo, a quien apreciaba mucho. Tras informarle Sancho de sus últimas actividades, comentó que era una lástima para el Derecho Civil que la labor sacerdotal de Fuenmayor le absorbiera tanto tiempo, a lo que don Federico repuso: "¡Lástima!: Tenga por seguro que si Fuenmayor se dedicase de lleno al Derecho Civil, poco tendríamos que hacer usted y yo". Don Federico era ya por entonces el catedrático de Derecho Civil más prestigioso de España.

Entre 1952 y 1956, don Amadeo fue consiliario del Opus Dei en España. Miembro de la Comisión concordataria (1954) para la aplicación del Concordato de 1953 entre la Santa Sede y el Estado Español, en 1955 fue nombrado vocal permanente de la Comisión General de Codificación del Ministerio de Justicia. En ella destacó principalmente como experto en Derecho Matrimonial. Participó activamente en la comisión legislativa de la Ley de Libertad Religiosa de 28 de junio de 1967. Infatigable defensor de la libertad religiosa en la España franquista, entendió aquélla, a la luz del Concilio Vaticano II, como una exigencia irrenunciable de la dignidad humana. El 12 de diciembre de 1966 ingresó como académico de número en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación con un discurso, sobre El matrimonio y el Concordato español, que fue contestado por José Castán Tobeñas.

En 1967, don Amadeo recaló en tierras navarras al incorporarse a la Universidad de Navarra como ordinario de Derecho Civil, titular de la primera Cátedra de Derecho Eclesiástico en España y decano de su Facultad de Derecho Canónico. Allí es donde pudimos disfrutar de su docencia millares de juristas repartidos hoy por todo el mundo. Fueron años de plenitud intelectual, acompañados de civilistas de la talla de Sancho Rebullida, Doral, Arechederra, Rubio, etc.

A partir de septiembre de 1975, pasó largos periodos en Roma colaborando estrechamente con Mons. Álvaro del Portillo en distintos asuntos relacionados con el proceso de erección del Opus Dei en Prelatura personal (1982), como deseaba ardientemente su fundador. Fue Fuenmayor miembro de la comisión técnica paritaria designada a tal efecto por la Santa Sede, en 1979, e integrada por representantes de la Sagrada Congregación para los Obispos y del Opus Dei. En 1985, se trasladó definitivamente a Roma para ocuparse más intensamente de cuestiones jurídicas derivadas de la nueva naturaleza canónica del Opus Dei. Preparó entonces con José Luis Illanes y Valentín Gómez-Iglesias, la obra El itinerario jurídico del Opus Dei. Historia y defensa de un carisma (1989), que ha sido traducida a diversas lenguas, así como una edición conjunta de sus Escritos sobre prelaturas personales (1990). En 1986 fue nombrado Prelado de Honor de su Santidad y Consultor del Consejo Pontificio para la interpretación de los textos legislativos. A pesar de la distancia, seguía con mucho interés todo cuanto sucedía en la Universidad de Navarra.

En 1995 regresó a tierras navarras donde vivió dedicado a distintas tareas sacerdotales y a la investigación jurídica como profesor honorario de las Facultades de Derecho y Derecho Canónico de la Universidad de Navarra. A esta época corresponden sus escritos en defensa del Derecho -que, en opinión de Fuenmayor, debería ser reconocido en toda sociedad pluralista- a contraer un matrimonio civilmente indisoluble. Una asignatura, sin duda hoy pendiente, en una sociedad que tan defensora de las libertades, no ampara, sin embargo, la libertad de los cónyuges a casarse para siempre.

Aunque silenciosa, siempre he tenido para mí que esta etapa final fue la más fecunda de su vida. Unido casi inseparablemente a una silla de ruedas, sus horas se consumían lentamente como transcurren las largas horas de espera entre el Amante y el Amado. Y es que don Amadeo, fiel a su propio nombre, fue sobre todo y ante todo un hombre que amó mucho.

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