Noticias© Comunicación Institucional, 24/03/2006

Universidad de Navarra

La familia ayer, hoy y mañana

Autor: Alejandro Navas
Profesor de Sociología
Universidad de Navarra

Fecha: 24 de marzo de 2006

Publicado en: El Mundo -suplemento Su Vivienda- (Madrid)

La familia es un tipo de institución, como la religión o la democracia, que parece encontrarse en permanente crisis. A la vez, muestra una notable capacidad para adaptarse a los tiempos y circunstancias más diversos, como no podía ser de otra manera al tratarse de algo tan enraizado en la condición humana. Es difícil imaginar la supervivencia del hombre sin alguna suerte de estructura familiar.

No obstante, hay coincidencia general en el reconocimiento de que la institución familiar atraviesa en nuestros días por una crisis de singulares proporciones, al menos en Occidente. La familia nuclear propia de nuestra moderna sociedad industrial llega a su plenitud con el baby boom de la posguerra. Pero el optimismo de esos años resulta engañoso. Enseguida se producen cambios drásticos: la píldora y la revolución sexual permiten disociar sexualidad y reproducción (en nuestros días la ingeniería genética ya hace posible la reproducción sin sexualidad). La mujer se incorpora de forma creciente y masiva a la educación y al mundo del trabajo fuera del hogar, y la conciliación de vida laboral y vida familiar se convierte en un tema estrella del debate público. Una libertad entendida como emancipación hace que el compromiso de por vida pierda sentido. El matrimonio y la familia tradicionales, que eran la plasmación institucional del hecho de que las acciones tienen consecuencias, pierden aceptación y dejan paso a otras formas de emparejamiento. La vida en común se concibe de modo creciente como algo privado. Los sentimientos mandan, y su condición voluble hace de esas uniones algo frágil por definición. Hay miedo al fracaso, y en un contexto social de cambios vertiginosos y de incertidumbre, se desconfía del futuro. Se impone así el presentismo.

El futuro de la familia se vuelve incierto y cunde la preocupación entre los actores sociales implicados. Al margen de consideraciones ideológicas, los gobiernos comprueban que una familia debilitada deja de cumplir sus funciones socializadoras y asistenciales y sobrecarga las ya escuálidas arcas del Estado del bienestar, por lo que las políticas familiares vuelven a las agendas de gobiernos y partidos. Hay mucho en juego: la felicidad individual de tantas personas y el mismo relevo generacional de nuestras sociedades.

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