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A por los 'michelines'

Autor: Guido Stein
Profesor del IESE y presidente de Eunsa
Universidad de Navarra

Fecha: 23 de junio de 2008

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Solemos aceptar aquellas ideas que coinciden con lo que previamente pensamos o nos maliciamos. De ahí que uno de los principios de la comunicación eficaz apunte a que entendemos lo que ya conocemos: pretender comunicar algo absolutamente nuevo es un vano empeño. La realidad es contumaz y no se deja enmascarar fácilmente. Esta semana, un ministro que aspira a ser otro ministro ha hecho unas declaraciones cuajadas de metáforas. Menciona la grasa que conviene que perdamos y que, cuanto más caigamos, luego más subiremos. Me ha recordado un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte; que advertía que la salud de los ciudadanos mejora en épocas de crisis económicas, pues se reducen los excesos. Esas son buenas noticias para los españoles y españolas.

Las predicciones me pillaron en un taxi. Mi predisposición a compartir el optimismo no podía ser mejor; acababa de desayunar con un participante en mis programas que trabaja en consultoría. Me contó que en su planta ya hay trescientos consultores pelando la pava, y no parece que vayan a ser los únicos. Mi interlocutor se va a preparar para el inminente ascenso anunciado por el ministro, pero mientras llega está buscándose la vida en un cliente. "Recibiré el mismo sueldo -me reconocía en voz baja- y no subiré de nivel; ya sé que no es ninguna bicoca, pero es un banco solvente y como espere a después del verano, el mercado de trabajo se va a parecer a un autobús del Congo, con la gente saliendo hasta por las ventanas". Es un poco desconfiado; es lo que tiene no saber de economía.

Volvamos al taxi y al taxista, Miguel, que no había leído la entrevista. Sin embargo, sabía un par de cosas: desde hacía unos meses no le salían las cuentas. Al consabido incremento en el precio del gasóleo ("la subida del precio del petróleo me ha sorprendido", admitía el ministro) había que sumarle otros incrementos en el capítulo de varios: ruedas, aceite, seguro, puesta a punto, y un etcétera para mí, ingenuo profesor, desconocido. A diferencia del consultor, Miguel reconoce que trabajo no le falta, aunque ya hay días más tranquilos, pero ahora no gana para mantener a su mujer y a sus dos hijos, el mayor de cuatro años. Miguel estaba contento de que su mujer se dedicase a los niños. Yo no sé, ni Dios lo permita, si la mujer de Miguel tiene michelines, pero por si acaso se pone a trabajar en septiembre.

Al llegar al destino tuve clase con profesionales muy cualificados de un gran banco. Habían venido de casi todo el globo. La crisis no afecta sólo a España , ministro dixit, pero cara de preocupción sólo la advertí entre los nuestros... "Prepárate a septiembre, que ahora todo el mundo se estira hasta el verano", susurró uno de Canarias.

Volviendo a casa me encontré con una amiga boliviana, legal, que tiene dos hermanos que han debutado como desocupados, (no me atrevo a pronunciar parados, pues no tienen papeles). Roxana acababa de leer la entrevista ( "Hablar de crisis es exagerado... Tenemos planes que casi nadie conoce, pero están en vigor... Hay que apostar por coches eléctricos... La subida de la luz, en el fondo va a suponer una bajada..") y pregunta si el ministro viene alguna vez a la realidad.

Yo estoy con el ministro. Por eso, y porque mis dos equipos han pasado a cuartos, voy a plantarle cara a mis michelines, más ahora que inauguramos un largo y cálido verano.

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