Noticias© Comunicación Institucional, 23/06/2006

Universidad de Navarra

Penélope Cruz vs. Tiger Woods

Autor: Alejandro Navas
Profesor de Sociología
Universidad de Navarra

Fecha: 23 de junio de 2006

Publicado en: Diario de Navarra

La opinión pública española sigue con interés los pasos de Penélope Cruz, nuestra estrella cinematográfica más internacional junto con Antonio Banderas. Y resulta comprensible que las peripecias de su vida sentimental ocupen un lugar preferente en nuestra atención. Además, los galanes que se van haciendo con los favores de su corazón son primeros espadas de Hollywood, lo que refuerza la expectación.

Hace unas semanas la prensa se hacía eco de la ruptura de Penélope y Matthew McConaughey. Según el comunicado facilitado por la actriz a los medios, habían decidido de común acuerdo dar por terminada esa relación que parecía ir tan bien. Seguirán siendo amigos y se recordarán con cariño, pero la divergencia de sus respectivas agendas profesionales hacía imposible que pudieran coincidir. Y mientras no se generalicen los romances virtuales, la coincidencia física de las personas sigue siendo un requisito imprescindible para la convivencia que es causa y consecuencia del amor. Ya decía Aristóteles que lo primero que desean los que se quieren es estar juntos. Si dos personas que teóricamente dicen amarse nunca se encuentran, es que seguramente algo anda mal en su relación. En el caso de Penélope y Matthew parece claro que su amor no era lo primero en sus jerarquías de valores.

Casi al mismo tiempo que tomábamos nota de esa ruptura se anunciaba la vuelta al trabajo de alguien no menos famoso, Tiger Woods, el mejor golfista del mundo. Tiger ha regresado a los greens después de los meses de parón que se había impuesto para acompañar a su padre en el tramo final de la enfermedad que le ha llevado a la muerte.

Podemos suponer que en la devoción de Tiger por su padre había mucho de agradecimiento. Conocemos el papel determinante que éste jugó en la carrera deportiva de su hijo –está narrado en el libro Training a Tiger-. Cuando Earl puso el primer palo de golf en las manos de su hijo Tiger, éste tenía seis meses de edad. Se dice que aprendió a jugar antes que a andar. En ese momento nadie podía saber si Tiger se aficionaría en el futuro a ese juego, y conocemos tantos casos en que padres obsesionados por inculcar determinadas habilidades en sus hijos fracasan en su empeño y llegan a traumatizarlos y hacerlos desgraciados. En este caso los cálculos y la ilusión del padre se vieron correspondidos por el entusiasmo y el talento del hijo. El resultado es conocido: el mejor jugador del momento y tal vez de toda la historia, aparte de ser desde hace años el deportista mejor pagado del mundo.

Pero el golf no es lo primero en la vida de Tiger Woods, ni siquiera lo segundo. Su jerarquía de valores queda bien clara. En sus propias palabras: -Para nosotros lo primero ha sido siempre la familia. Después viene la educación y sólo en tercer lugar, el golf.

Conciliar familia y trabajo es un reto que se plantea no sólo la gente de a pie que debe hacer malabarismos para llegar a fin de mes y pagar la hipoteca. También los ricos y famosos se ven obligados a buscar el deseable equilibrio entre tensiones contrapuestas. El marco legal-estructural nos condiciona, y desde luego que en nuestro país hay mucho que mejorar para facilitar esa conciliación –nuevas leyes, nueva cultura empresarial, revalorización del trabajo doméstico, etc.-, pero más allá de lo estructural cada uno tiene que plantearse a qué aspira en la vida, a qué carta quiere jugar. La biología no nos dice cómo hay que vivir y la vida se convierte así en un proyecto que cada uno debe diseñar y gestionar. El éxito no está asegurado, y ahí radica buena parte del atractivo de esta aventura.

Resulta difícil juzgar desde fuera acerca de triunfos y fracasos a este respecto -¿en qué criterio nos basamos para considerar una biografía lograda o fracasada?-, pero tengo la impresión de que Tiger Woods ha elegido mejor que nuestra Penélope.

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