Noticias© Comunicación Institucional, 23/04/2006

Universidad de Navarra

Dormir bien para vivir mejor

Autor: Jorge Iriarte
Investigador del CIMA y neurofisiólogo de la Clínica Universitaria
Universidad de Navarra

Fecha: 23 de abril de 2006

Publicado en: Diario de Navarra

Dormir es un proceso fisiológico necesario para el ser humano. No sabemos por qué ni para qué dormimos, pero sí sabemos las consecuencias de dormir poco o mal. Aunque no sepamos cómo, sabemos sus efectos: dormir es descansar, recuperar. Una de las torturas en campos de concentración era imposibilitar el sueño. De hecho, se ha demostrado que algunos animales mueren tras varios días sin dormir.

El dormir es algo cíclico, con una duración y efectos normales. En nuestra civilización cada vez es más frecuente la dificultad para conciliar y mantener el sueño, lo que es conocido como insomnio. Como en otros procesos médicos, hay grados y severidad, pero por las estadísticas parece que estamos ante una pandemia. Entre un 30-50% de la población sufre problemas de sueño, y un 20-30% de la población se calcula que requerirá tratamiento médico más o menos prolongado. Dormir mal no mata pero sí que hace la vida, de noche y de día, mucho peor. Ocurre a cualquier edad, en niños, adultos y ancianos, mujeres y hombres, nadie se libra. El que lo sufre sabe que no es una enfermedad cualquiera...

Clásicamente se dice que para dormir bien hacen falta la conciencia tranquila, el estómago ligero y los pies calientes. Con esto se quiere decir que influyen factores psicológicos, enfermedades físicas y factores ambientales. Por ejemplo, la ansiedad, el dolor de muelas o un bar en la puerta de casa, van a dificultar la conciliación y mantenimiento del sueño. Lo primero para tratar el insomnio es, en consecuencia, el diagnóstico. Muchas enfermedades físicas (tiroides, artritis...) y otras psicológicas (ansiedad, angustia, manía...) van a producir insomnio y, por tanto, deben ser tratadas para mejorar este síntoma. Los factores externos también deben ser examinados. En otras ocasiones, no habrá más remedio que reconocer que no conocemos la causa o achacarlo a factores genéticos (su madre y su abuelo ya lo tenían...). Entonces tendremos que tratar la queja del sueño, el síntoma, es decir tomar pastillas o buscar otros métodos que faciliten el dormir, sabiendo que no estamos atacando su causa.

Además del tratamiento de la causa, existen normas generales para facilitar el dormir. Durante el día se recomienda intentar organizar los horarios de comida de modo regular, evitar café, coca-cola y otros excitantes, a partir de media tarde, realizar ejercicio físico, aunque sea ligero, diariamente, pero no inmediatamente antes de acostarse. Basta con un paseo al final de la tarde. La siesta en sí no es perjudicial, de hecho muchos la necesitan para descansar. Pero si se tienen problemas para dormir por la noche, hay que evitarla pues va a agravar el insomnio.

Hay que esperar al menos una hora entre la cena y el acostarse, evitar cenas copiosas, ingesta de alcohol, café u otras bebidas estimulantes o fumar, no tomar en la cena alimentos que produzcan tendencia al ardor gástrico o excesiva diuresis, que obligarán a levantarse durante la noche. Tampoco se recomienda ir a la cama habiendo cenado muy poco.

Es preciso ir a la cama cuando sienta algo de sueño. No hay que utilizar la cama para actividades como leer, trabajar, comer o escuchar la radio. No es recomendable tener la televisión en el dormitorio. Si hace mucho calor, la ducha con agua fría o templada ayuda a la relajación y facilita la conciliación del sueño. Las condiciones de la habitación son fundamentales: cama adecuada (habitualmente ayuda que la cama sea dura y la almohada blanda), habitación sin luz o ruido, con temperatura intermedia, ni muy fría ni caliente. Si hay ruidos externos, se pueden utilizar tapones auriculares. El horario y duración del sueño son también claves. Hay que intentar acostarse y levantarse a la misma hora, evitar cambios importantes de horario durante el fin de semana. Se recomienda dormir el tiempo que sea necesario para sentirse descansado a la mañana siguiente, pero no más.

La automedicación es siempre un error. Es labor del médico llegar al diagnóstico e instaurar un tratamiento, en el insomnio y en cualquier enfermedad. Y el insomnio, cuando es duradero y molesta de noche y de día, es una enfermedad. Como hemos dicho a muchos va a acompañar en periodos muy largos de la vida. Y, por eso, es labor del médico llegar al diagnóstico del insomnio, clasificarlo entre la docena de tipos que hay, buscar la causa entre las más de cien enfermedades que lo pueden producir, y después tratarla con alguno de las decenas de fármacos disponibles o con otras medidas no farmacológicas. Decidir qué y cuándo tomar una medicación sólo va a producir problemas. Como el insomnio suele ser crónico, sí es verdad que a veces uno sabe cuándo va a necesitar más o menos medicación, cuándo puede dejarlas por unos días y cuando no: pero eso debe ser pactado con su médico. En caso contrario, el fracaso y las complicaciones están aseguradas.

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