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Miss B, Dame Butler-Sloss y los médicos

Autor:Gonzalo Herranz
Director del departamento
de Humanidades Biomédicas
Universidad de Navarra
Fecha: 23 de marzo de 2002
Publicado en:  ABC (Madrid)

El destino de Miss B entrelaza, al menos, dos tragedias, profundas, preocupantes.

Una es la tragedia, para muchos incomprensible, de un ser humano para quien seguir viviendo se ha hecho aborrecible y mucho peor que estar muerto. La decisión de exigir la muerte ha arraigado en la mente del Miss B en grado tal que no ha reparado en gastar toda su energía y su dinero para conseguir la innovadora sentencia judicial por la que Dame Elisabeth Butler-Sloss ordena, suspender su atención médica. Dame Elisabeth no ha dudado en permitir que Miss B, una persona, a su modo de ver, espléndida y que posee mucha valentía, un fino sentido del humor y mucho que ofrecer a la sociedad, cumpla su deseo de morir cuanto antes, pacífica y dignamente.

La otra tragedia es la caída sobre los médicos y la Medicina. No se trata de que no hayan salido bien parados del juicio, donde se les ha calificado de paternalistas y abusivos. Por considerar que, en su juicio profesional, la actitud, progresivamente airada, de Miss B era poco razonable, han sido penalizados con una multa de 100 libras. Trágicamente, a ese cachete legal y a la pena accesoria de pagar los gastos judiciales de Miss B, se añade, si Dios no lo remedia, un castigo cruel: esos mismos médicos, que en el juicio afirmaron que tenían graves objeciones éticas a provocar la muerte de la enferma, son los que han de ejecutar de la muerte dulce de Miss B.

El caso de Miss B muestra que la Medicina ya no es cosa de médicos. Cada vez más, las decisiones fuertes las toman los jueces o las imponen los abogados: sus sentencias y sus dictámenes determinan cuando hay que transfundir, hacer cesáreas, practicar el diagnóstico prenatal, suspender un tratamiento o cuando continuarlo hasta el absurdo.

Nadie discute que la práctica médica ha de discurrir por cauces legales. Pero hay que debatir si es correcto que jueces y abogados digan cuál es la buena práctica profesional del médico. No podemos permitir que no sean los criterios científicos los que definan la actuación profesional. Si se prodigan casos como el de Miss B, no sólo habrá muertos por decisión judicial: morirá también la ética médica, víctima del derecho. "Como la ley ha matado a la ética" es el título de un artículo luminoso, esclarecedor, en el que David Hyman cuenta la progresiva invasión del derecho en el campo médico. Hemos de estudiar estos casos con mucha serenidad y tino: la corrección judicial de los errores y abusos de los médicos no puede sembrar enemistad entre ética y derecho, ni poner distancia entre pacientes y médicos.

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