Noticias© Comunicación Institucional, 23/01/2008

Universidad de Navarra

La racionalidad pública del cristianismo

Autor: Ramiro Pellitero
Profesor de Teología pastoral
Universidad de Navarra

Fecha: 23 de enero de 2008

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

En el discurso preparado por Joseph Ratzinger para su visita a la Universidad de “La Sapienza”, ante todo se pregunta qué puede decir un Papa en la universidad. Esto implica cuestionarse qué es ser Papa y qué sentido tiene la universidad.

El Papa está para confirmar la fe y mantener la unidad de los cristianos, que con los demás ciudadanos edifican la sociedad. A lo largo de la historia, la comunidad cristiana ha ido adquiriendo una experiencia y una sabiduría importante para toda la humanidad. A este propósito, Benedicto XVI entra en diálogo con John Rawls, filósofo estadounidense fallecido en 2002. Rawls sostiene que las doctrinas religiosas globales carecen de una “racionalidad pública”, si bien a lo largo de los siglos han desarrollado argumentaciones válidas y sabiduría. El Papa “habla como representante de una razón ética”, que tiene también una significación y racionalidad pública.

La universidad desde su origen sigue el impulso de Sócrates, cuando se cuestiona si las guerras y discusiones entre los dioses son algo “verdadero”. Recuerda el Papa que los primeros cristianos comprendieron su fe como “la disolución de la niebla de los mitos, para hacer lugar al descubrimiento de aquel Dios que es Razón creadora y al mismo tiempo Razón-amor”. Como parte de la propia identidad, los cristianos hacían suyo el interrogante socrático y “la búsqueda fatigosa de la razón para alcanzar el conocimiento de la verdad entera”. En esta misma perspectiva nacería siglos después la universidad, precisamente en el ámbito cristiano. Pero la verdad, observa el Papa, no es sólo contemplación de la realidad, teoría, en el sentido griego; sino que se refleja en el que obra el bien, haciéndole bueno.

De acuerdo con Habermas, entiende Benedicto XVI que la política ha de buscar lo razonable; es decir, lo verdadero y lo justo. Pero además de los partidos y los grupos de intereses, deben escucharse otras instancias que se preocupen del hombre en su totalidad y susciten la sensibilidad por la verdad. Tal era el papel de la filosofía y la teología en el origen de la universidad y que merece ser repensado hoy, también en relación con la cultura y la política.

El peligro del mundo occidental, advierte el Papa, es que se rinda ante la cuestión de la verdad; que la razón se pliegue ante la presión de los intereses y el atractivo de la utilidad como criterio último; que la filosofía se degrade en positivismo y que la teología se encierre en grupos particulares.

El mensaje cristiano puede configurar diversamente las opciones culturales y políticas; pero, en cualquier caso, tiene capacidad para informar la racionalidad pública.

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