Noticias© Comunicación Institucional, 22/04/2007

Universidad de Navarra

Convertir la innovación en impacto

Autor: Gustavo Pego
Director de Relaciones Exteriores e Internacionales de Tecnun
Universidad de Navarra

Fecha: 22 de abril de 2007

Publicado en: Diario Vasco

Una de las mayores ocupaciones de nuestros dirigentes políticos es la creación de empresas innovadoras de base tecnológica. La causa es bien conocida: el menor coste social y salarial de las economías del Este de Europa y de las asiáticas permite la producción de bienes con costes más bajos. Esta realidad lleva a otra: las empresas de este país van a verse tentadas, en mayor o menor plazo, a deslocalizar su producción o bien a subcontratarla. Todo lo anterior nos obliga a innovar y a crear empresas de alto valor añadido que permitan competir cara a cara con la situación de privilegio de costes que tienen nuestros competidores del Este de Europa y del lejano Oriente. En general, en estas empresas el alto valor viene dado por la alta tecnología aplicada y por la generación de nuevos mercados con importantes márgenes y rentabilidades.

Así, pues, se puede deducir que la política adecuada es la de fomentar la investigación científica y alinearla en los proyectos considerados estratégicos para Europa, para desarrollar nuevas tecnologías. En aras de la verdad, hay que decir que, a primera vista, nuestros políticos parecen estar cumpliendo con su rol adecuadamente.

Los científicos-académicos y los políticos tienen un punto de discordia: unos aman la investigación, su propio proceso, haciéndola el leitmotiv de su vida, habiéndola escogido además como modo de sustento; y los otros la utilizan para obtener con rapidez resultados convertibles en negocios que hagan prosperar el país. Otra realidad frecuentísima es que un buen científico no es un buen emprendedor, pues se necesitan algunas habilidades para llevar a buen puerto los negocios empresariales. Ésta es otra de las contradicciones con las que se encuentran nuestros dirigentes, que aunque la entienden, tienen dificultades para aceptarla. No obstante, ven al científico como garante del valor de la idea de negocio, aportando credibilidad al emprendedor.

Sin duda, un perfil de gran potencial para el futuro sería aquel en el que se aunaran la formación científica, seria y rigurosa, y la formación emprendedora. Acertadamente, nuestros gestores políticos han llevado a cabo iniciativas para fomentar la transmisión del espíritu emprendedor entre los más jóvenes y, por ello, las Universidades están siendo apoyadas fuertemente para alcanzar este objetivo que todos vemos estratégico.

Recientemente se llevó a cabo en Trondheim, Noruega, el 10º encuentro anual, organizado por el MIT (Massachusetts Institute of Technology) y la NTNU, del Global Startup Workshop, que llevaba por título Converting Innovation to Impact. Entre las muchas cosas de las que se hablaron, una de ellas fue el papel que debe tomar la Universidad en la creación de empresas. Lamentablemente, y como era de esperar a pesar de tratarse del MIT, nadie dio la fórmula mágica, aunque sí se hicieron observaciones interesantes.

Kenneth P. Morse, director del Centro del Entrepreneurship del MIT, señaló que el éxito de las nuevas empresas pivota sobre la habilidad de vender de sus dirigentes. Esta habilidad era más bien referida a la capacidad de captar socios inversores que permitan el desarrollo de las nuevas empresas (instituciones públicas, capital riesgo, venture capital, entidades financieras, socios industriales y, por supuesto, futuros clientes).

Según Morse, empresas con mejores tecnologías, tienen peores resultados que sus competidores tan sólo por tener peores vendedores. La pregunta que lanzó a sus más de 200 oyentes fue: entonces ¿por qué la Universidad no enseña a vender?

En cuanto al perfil del emprendedor con éxito, de las 10 características que se expusieron, algunas muy conocidas y fácilmente deducibles, la primera merece ser citada: la integridad o modo de actuar con rectitud y honradez en todo momento. Este es el nudo gordiano. Se puede decir que puso el dedo en la llaga, ya que la familia, el colegio, la universidad y la sociedad son los responsables. Aquí entran en juego los valores.

El resumen de las 10 características del creador de empresa de base tecnológica lo hizo Kenneth Morse con una fórmula en la que tenía en cuenta el pH del estómago del emprendedor. Su acidez debería ser mayor que la media, entre una y dos veces la desviación típica. Esto ya lo dijo, con palabras más sencillas, un empresario de Tolosaldea que un día acudió a Tecnun a buscar a un directivo para su empresa: «Necesito , ya sabes , a alguien con mucho reprís».

Los responsables de la buena marcha de la economía de este país se preguntan ¿cómo lo hacen los americanos? ¿en qué deberíamos copiarles?


- Sabemos que hacen las cosas de modo pragmático y, para la investigación científica, forman los equipos de trabajo de manera equilibrada e intentan, en la medida de lo posible, incorporar a alguien con perfil emprendedor. Este alguien puede pertenecer a uno o a varios equipos, en función del tamaño de los mismos, de tal manera que se da una impregnación mutua día a día: el científico ve por la ventana empresarial y el potencial emprendedor mira por la ventana científica.

- Aplican el learning by doing, o aprender haciendo, sin miedo a equivocarse y aprendiendo de los errores. Así, llevan a cabo competiciones de planes de negocios entre universidades que dan, como primer resultado, numerosas empresas de éxito. Estas competiciones aportan conocimiento y habilidades a los jóvenes estudiantes. Además, comparten recursos, lo cual mejora la eficiencia de los esfuerzos puestos por los agentes involucrados.

- Fertilizan las mentes de los universitarios rodeándoles de un ambiente emprendedor, de un ecosistema, acercándoles a los emprendedores de éxito y proporcionándoles casos de estudio que trabajan intensamente.

- Los consejeros de prestigio están al alcance de los nuevos emprendedores, adoptando la posición de mentores, de manera que dan credibilidad al proyecto (a veces tan escasa) delante de los potenciales inversores y de las instituciones de acompañamiento.

- Ponen filtros eficaces para saber si el proyecto se puede lanzar. Merece la pena citar uno de ellos. Kenneth Morse dice: «si no se tienen perfectamente identificados (con número de teléfono móvil y dirección de correo electrónico incluido) a los 10 primeros clientes, se considera que el proyecto no está preparado».

- Por último, trabajan perfectamente la red de contactos. En un determinado momento dejan de dar prioridad al know how, para darle paso al know who. Son auténticos tejedores de redes. Son los spidermen de la generación de nuevas iniciativas empresariales.


Podría decirse que en Estados Unidos los agentes participantes en el proceso de creación de iniciativas empresariales tienen claro el objetivo y lo consideran común. Esta es la clave para formar un equipo. Y ésta puede ser la clave para obtener tan buen rendimiento. Deberíamos trasladar a nuestras Universidades las ideas, que se esbozan en las líneas precedentes, para no perder el tren de la innovación y del espíritu emprendedor y, todos tenemos experiencia, cogerlo en marcha es complicado.

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