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El nuevo Diccionario de la Academia

Autor: Manuel Casado
Catedrático de Lengua Española
Universidad de Navarra
Fecha:  20 de octubre de 2001
Publicado en:  Diario de Navarra

La Real Academia Española acaba de publicar la vigésima segunda edición de su Diccionario común, es decir, del Diccionario académico por antonomasia, el que se considera la voz corporativa, autorizada, de la institución en materia de uso idiomático. La anterior edición, como se recordará, lleva la fecha de 1992. Desde entonces, la Academia ha venido trabajando, semana tras semana, en la nueva edición, mediante adiciones, enmiendas y supresiones, que han dado lugar a la obra que ahora comento.

Por las informaciones académicas, o de los miembros de la corporación, que se han ido publicando durante estos días, se ha sabido que la nueva edición ofrece cambios notables. Se ha ponderado, por ejemplo, el hecho de que dos terceras partes de los artículos han cambiado en mayor o menor medida. Las modificaciones consisten en la supresión de 6008 artículos (generalmente por corresponder a palabras o acepciones arcaicas, es decir, inusuales, inconveniente que venía denunciándose desde hacía ya tiempo); en la adición de 11 425 nuevas entradas. Además, se han suprimido, enmendado o añadido millares de acepciones.

A la vista, necesariamente rápida y -en consecuencia-- con un juicio provisional, de esta nueva salida del Diccionario académico, ofrezco unas cuantas observaciones y reflexiones que puedan tener utilidad para el usuario habitual de esta obra; no, por supuesto, para un lector experto en lexicografía.

Una de las innovaciones que primero llama la atención es la diferencia establecida en los lemas que encabezan cada artículo. Hasta ahora, todos los lemas de las anteriores ediciones del Diccionario académico aparecían destacados uniformemente en negrita. Novedad de la presente edición es presentar algunos lemas en negrita cursiva, concretamente, según la Academia, "los extranjerismos no adaptados en su pronunciación u ortografía a las reglas generales del español", como boutique, ertzaina, hobby, overbooking, speech, spray, tour, etc. Este nuevo criterio académico ha permitido, así, entreabrir las puertas de la Academia a centenares de voces, usuales desde hace tiempo en ambas orillas del Atlántico. El problema será, ahora, justificar -una vez introducido ese criterio- la inclusión, por ejemplo, de la voz bourbon 'variedad de güisqui', bulldozer o mousse, y no la de connaiseur 'conocedor o experto', boutade (o bien butade) o boy-scout. O bien, por qué otras formas, como brandy 'nombre que, por razones legales, se da hoy comercialmente a los tipos de coñac elaborados fuera de Francia y a otros aguardientes', figuran en cursiva, mientras derbi (inglés derby) o buqué (francés bouquet) aparecen, ya desde la anterior edición, idiomáticamente asimilados. Curioso es, también, ver la voz kung-fu 'arte marcial de origen chino, semejante al kárate' registrada como una palabra patrimonial más del idioma; o el gentilicio keniata, en vez de keniano, como nigeriano. Por otra parte, y hablando en términos normativos, ¿quiere la Academia sugerir, con esta diferenciación gráfica, que se siga ese mismo criterio en la escritura culta del idioma? Tengo la impresión de que sí, ya que cuando en el propio Diccionario se aducen ejemplos de uso, las voces destacadas en cursiva en el lema se reproducen con especial realce gráfico, cosa que no ocurre en las restantes palabras.

Que la lengua es fiel reflejo de la cultura y de la forma de pensar y vivir de las comunidades hablantes queda patente, entre otras manifestaciones, en la proliferación de formaciones léxicas con el componente euro-, como eurocentrismo, eurocracia, eurócrata, eurodólar, euroescéptico, etc., además de algunas otras formas que ya figuraban en la edición anterior. O en la presencia de neologismos con narco-, como narcodólar, narcosala, o el acortamiento narco por narcotraficante. Y, por supuesto, en la introducción de múltiples tecnicismos de diversa índole, como disacárido, epidural, parenteral, prion, somatizar, web, windsurf.

Parece claro que la Academia, si bien "intenta ser testigo del uso lingüístico vivo", no renuncia a su misión tradicional de orientar acerca de la calidad idiomática. De hecho, la corporación académica muestra sus preferencias, por los procedimientos habituales, respecto a las variantes formales de muchas palabras. Así, por ejemplo, prefiere la escritura élite, espónsor (a la que, por cierto, se remite desde sponsor, pero no figura en su lugar, y sí, en cambio, los derivados esponsorización y esponsorizar), euskera (antes primaba eusquera), psicología, septiembre, güisqui, a elite, sponsor, eusquera, sicología, setiembre o whisky. En lo relativo a esta y a otras varias cuestiones léxicas, es mucho el camino que Manuel Seco, con su Diccionario del español actual (1999), ha podido sin duda allanar a los que se han ocupado de actualizar el Diccionario académico.

Llama menos la atención el que se incluyan voces coloquiales, como currante, curre o currito, pasota, tapear o tropecientos. En parte, porque muchas de ellas habían aparecido ya en el Diccionario manual ilustrado de la propia Academia (4ª edición); y, en parte, porque se vienen utilizando en la lengua desde hace varios lustros, como documenta cabalmente el Diccionario de Seco antes citado.

Guardaba la esperanza de que el nuevo Diccionario académico ofreciera algunas orientaciones mínimas de carácter morfológico, relativas a la formación del plural de algunos nombres, o a la conjugación de determinados verbos. Nada he podido encontrar en relación con lo primero, a diferencia de lo que ocurre con otros diccionarios recientes. Y en relación con la conjugación verbal, he hecho una prueba con el discutido verbo adecuar. La Academia admite la duplicidad acentual; es decir, se puede conjugar como actuar (o sea, adecúa) o como averiguar (o sea, adecua).

En un punto, sin embargo, el Diccionario académico posee una clara ventaja práctica sobre el de Seco: éste, como se sabe, se circunscribe al léxico actual de España. El académico, en cambio, tiene pretensiones de registrar también el vocabulario de los demás países hispanohablantes.

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