Noticias© Comunicación Institucional, 21/08/2005

Universidad de Navarra

Arte y catequesis

Autor: Josep-Ignasi Saranyana
Teólogo
Universidad de Navarra

Fecha: 21 de agosto de 2005

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

La reciente edición del Compendio del Catecismo, aprobada por Benedicto XVI, reproduce catorce obras pictóricas tomadas del riquísimo patrimonio de la iconografía cristiana. La UNESCO acaba de incluir la fachada de la Natividad de la Sagrada Familia y su cripta, y la cripta de la Colonia Güell en la relación de obras del patrimonio mundial de la cultura, que merecen una especial protección. Las tres obras de Gaudí han sido consideradas como las más destacadas de toda su producción religiosa. Estos dos hechos, a que me acabo de referir, son relevantes y deben ser comentados.

En 1999 Juan Pablo II dirigió una importante carta a los artistas. "La obra de vuestra inspiración -enseñaba- descubre en la belleza una resonancia del misterio de la creación a la que Dios, único creador de todas las cosas, ha querido en cierto modo asociaros". Desde esta perspectiva se comprende que en la introducción al Compendio del Catecismo se diga que "también la imagen es predicación evangélica", porque los artistas han sabido (y saben) ofrecer "al estupor de los fieles" los hechos más representativos del misterio de salvación.

¿Quién no recuerda los grabados bíblicos de Durero? Y si pasamos a un arte mayor, ¿cómo no pensar en la Piedad de Miguel Ángel, en la Última cena de Leonardo, en el Pantocrátor de Tahull, en el Regreso del hijo pródigo de Rembrandt o en el Cristo pancósmico de Dalí y en su Crucifixión hipercúbica, tan distintos del Cristo de Velázquez? Podríamos ir a la arquitectura, donde -como se ha dicho- Gaudí acaba de recibir un reconocimiento mundial, sin olvidar, como es obvio, la música: ¿quién podrá olvidar la Misa de la Coronación de Mozart, interpretada en la Basílica de San Pedro en junio de 1985 por la Filarmónica de Viena, dirigida por Herbert von Karajan, mientras Juan Pablo II celebraba con gran recogimiento?

La verdad católica señala que existe una perfecta armonía entre lo bueno y lo bello, y entre la verdad y la belleza. Si el arte habla siempre -al menos implícitamente- de lo divino, como recordaba Benedicto XVI, es obvio que la obra artística resulta un medio idóneo para presentar el mensaje cristiano.

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