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Las ventajas de ser cigueña

Autor: Alejandro Navas
Profesor de Sociología
Universidad de Navarra

Fecha: 21 de junio de 2008

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Es sabido que el clima se ha vuelto loco. Mientras aquí comenzamos agradeciendo y hemos terminado padeciendo la primavera más lluviosa de los últimos decenios, en el Noreste de Alemania sufren una sequía sin igual. Sus consecuencias afectan tanto a los humanos como a las más variadas especies animales. Por ejemplo, a las cigüeñas.

Según informa la Sociedad Alemana para la Protección de la Naturaleza, las cigüeñas se están viendo particularmente afectadas por la prolongada escasez de agua. Los ejemplares adultos no consiguen alimento suficiente para sus crías: una familia de cigüeñas necesita hasta tres kilos diarios de gusanos, caracoles, ranas y bichos similares, pero estos animalitos se han enterrado en el suelo a más profundidad de lo habitual para escapar de la sequía, y así las cigüeñas no los encuentran con tanta facilidad. A las cigüeñas adultas no les queda más remedio que reducir el número de sus crías -dura ley de vida-, de modo que sacrifican a las más débiles por el sencillo procedimiento de arrojarlas fuera del nido. Contra todo pronóstico algunas de esas crías sobreviven a la caída desde la considerable altura a la que suelen encontrarse los nidos, aunque con frecuencia quedan heridas e indefensas en el suelo.

Pero no todo está perdido para ellas. Los habitantes de Sajonia y Brandenburgo se movilizan para rescatarlas de una muerte segura, y las recogen con delicadeza para entregarlas a los guardas forestales, que se encargarán de su alimentación y cuidado. Gracias a la preocupación de tanta buena gente, la solidaridad humana consigue paliar en algunos casos la “crueldad” de la naturaleza.

Mientras leía la conmovedora crónica de esa operación de salvamento, pensaba por contraste en el destino bien opuesto que sufren tantas crías humanas ya en el seno materno, un lugar que aparentemente debería ser más seguro que el nido de las cigüeñas. ¿Quién se moviliza para salvar a esos fetos condenados a muerte? ¿Dónde están los equivalentes a los guardas forestales alemanes, es decir, los agentes de la sanidad o del Estado a los que en teoría compete la misión de proteger la vida de todos, en especial de los más débiles? España tiene una legislación despenalizadora del aborto en determinados supuestos similar a la de otros países occidentales, pero en opinión de los corresponsales extranjeros que han cubierto los recientes escándalos de algunos de nuestros centros abortistas, la praxis española es con mucho la más permisiva de Europa. Los abortos que en otros países serían perseguidos por la justicia aquí se llevaban a cabo con total impunidad, lo que explica el flujo de “clientes” procedentes del resto de Europa. Este debe ser uno de los pocos sectores en que nuestra castigada balanza comercial muestra un claro saldo favorable. La comparación puede sonar poco respetuosa con las víctimas, pero resulta apropiada porque estamos ante un asunto de negocios. Me parece muy inquietante que cuando por fin la justicia empieza a intervenir para poner coto a tanto desmán, la reacción del gobierno sea prometer una reforma de la ley que asegure los “derechos” de las mujeres que abortan. Quién pudiera ser cría de cigüeña en Alemania…

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