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21/03/2009

Las enseñanzas de un accidente notable

Autor: José Manuel Martínez Lage fue
Profesor de Neurología
Universidad de Navarra

Fecha: 21 de marzo de 2009

Publicado en: Diario de Navarra

Creo que a finales de la década de 1960 cuando viví una de las aventuras médicas que más honda huella dejó en mí porque entrañó en sentido estricto salvar una vida. Paulina era una niña preadolescente llamativamente guapa, con unas trenzas rubias extremadamente largas y una simpatía arrolladora. Era la alegría de sus padres y de sus numerosos hermanos. Un mal día, al regresar del colegio a su casa, fue arrollada por una motocicleta con tan mala suerte que su cabeza golpeó con el bordillo de la acera de la plaza que transitaba. Se levantó espontáneamente como si nada hubiera pasado y prosiguió el camino hasta su cercano domicilio. Contó a su madre lo ocurrido y prosiguió sus tareas escolares domésticas con toda normalidad.

Mas hete aquí que a la hora más o menos del accidente comenzó a sufrir dolores de cabeza no muy acusados, síntoma que comunicó a su madre. Ella, perspicaz y sagaz, acudió sin demora a consultar los hechos con su providencial vecino el Dr. Luis Lizarraga, un sabio neuropsiquiatra de Pamplona y una persona bondadosa donde las haya. Acudió presto a reconocer a Paulina. Se encontró que, además de sus cefaleas, la niña estaba algo confusa y estuporosa. Examinó sus ojos y se alarmó sobremanera al comprobar que los diámetros de sus pupilas eran desiguales: el del ojo izquierdo medía un par de milímetros (normal) y el del derecho casi seis. Esta dilatación pupilar unilateral era indicativa de parálisis parasimpática por lesión del sexto par craneal.

Ordenó su ingreso con carácter de urgencia en la Clínica de la Universidad de Navarra y alertó al equipo neuroquirúrgico de este centro para que se dispusiera a actuar con toda celeridad. La vida de la niña corría serio peligro de muerte: en pocos minutos había entrado en coma y tenía graves dificultades respiratorias.Tal fue la diligencia que la hermosa cabellera de Paulina fue afeitada por los sanitarios simultáneamente a las maniobras de asepsia que el Dr. Alfredo de Federico realizaba para proceder a perforar su cráneo. Desde el momento mismo del golpe se estaba acumulando entre su cráneo fracturado y su duramadre porque el fragmento óseo había rasgado la arteria meníngea media que babeaba sangre incesantemente. Dentro del cráneo se estaba produciendo un compromiso entre contenido y continente. La situación clínica pergeñada era expresiva de que el tronco cerebral de Paulina estaba seriamente comprometido y de que el paro cardio-respiratorio podía ser inminente. Así que, cuando vimos brotar la sangre a través del agujero de trépano todos cuantos estábamos en aquel quirófano soltamos un grito de júbilo equivalente a un tedéum.

Ha venido esta vivencia a mi memoria ante la increíble muerte de la legendaria actriz británica Nathasa Richarson, fallecida tras en apariencia un inocente accidente de todo principiante de esquí en Mont Tremblant de Quebec. Según los medios, esta celebridad teatral que triunfó representando Cabaret en Broadway, se cayó en las pistas sin llevar casco puesto y ni ella ni sus acompañantes tomaron la precaución de que se sometiera a un examen médico. Ni siquiera cuando momentos después del golpe aparecieron dolores de cabeza. Tenían que haberla llevado de urgencia a cualquiera de los magníficos hospitales que hay en la provincia de Quebec. Me faltan datos para opinar sobre lo que ocurrió en los dos días siguientes a la caída, pero intuyo que se menospreciaron síntomas y signos, vamos que hubo negligencia médica. ¿Por ser célebre, por ser rica? Informan que estuvo atendida por personal paramédico y que éste, según el diario The Globe, rechazó los servicios médicos especializados. Es espeluznante e inconcebible en estos tiempos morir a causa de un hematoma epidural - la lesión que reveló la autopsia - y que se esperara dos días en trasladar la paciente desde Quebec hasta el hospital Lenox Hill de Manhattan adonde llegó ya cerebralmente muerta. Podría extenderme mucho más sobre esta desgraciada muerte de Nathasa, pero a los efectos que aquí me interesan recalcaré lo siguiente:

-A cualquier edad, desde la lactancia a la vejez, nunca menosprecie la importancia de un traumatismo craneal por banal que le parezca. En estos casos sí que está justificado "abusar" del servicio de urgencias hospitalarias.

-Si hay un intervalo libre de síntomas tras el golpe y luego aparecen dolores de cabeza, vómitos o estupor, acuda raudo a un médico de urgencias.

-Extienda la vigilancia del golpeado durante la noche despertándole cada dos horas.

-Un síntoma claro de alarma de que el trauma ha dañado el cerebro es la desigualdad en el diámetro de las pupilas.

-Que la muerte negligente de esta "magnífica actriz y de esta madre increíble" sirva para reforzar la educación médica de la opinión pública.

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