Noticias© Comunicación Institucional, 20/05/2007

Universidad de Navarra

El Papa en Brasil

Autor: Josep-Ignasi Saranyana
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 20 de mayo de 2005

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

Benedicto XVI ha ido a lo esencial en el Santuario de Aparecida, en la inauguración de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, y en su alocución a los obispos brasileños en la catedral de São Paulo. Los contenidos de ambos discursos son indisociables.

Los medios han recordado la doble mención al celibato sacerdotal y a la fidelidad de los religiosos a su carisma fundacional; la indicación de que la absolución individual de los pecados es el "modo ordinario" del sacramento; la advertencia sobre el discernimiento de las vocaciones sacerdotales, para evitar "desviaciones en el campo de la sexualidad"; las observaciones sobre los más pobres y necesitados; la condena de la corrupción política; la insistencia en la práctica del precepto dominical. Asimismo han sido resaltadas las repetidas alusiones al Catecismo de la Iglesia Católica, al Compendio de éste y al Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, como instrumentos indispensables no sólo en la catequesis, sino también en otros géneros de comunicación doctrinal. También ha sido resaltado, el silencio del Papa sobre la teología de la liberación, porque lo asumible de ésta ya lo ha sido y es ahora patrimonio común.

Por mi parte, destacaría además otras cuatro ideas de gran calado, que me parecen dignas de la mayor atención. El Papa ha señalado la continuidad entre las cuatro anteriores Conferencias; ha recordado la encíclica Populorum progressio; se ha detenido en subrayar que dar vida a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal, no sería un progreso, sino un retroceso; y ha afirmado taxativamente, por último, que "Dios es la realidad fundante, pero no un Dios pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano".

Es evidente que el Papa tenía a la vista el proyecto ilustrado, de construir una realidad como si Dios no existiese. Aunque no pretendía descalificar a los no creyentes, pues muchos pueden llevar una vida ejemplar y virtuosa, quería señalar que sería muy difícil construir a largo plazo sobre valores morales, en una sociedad que diese la espalda a Dios, porque faltaría el fundamento de esos mismos valores.

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