Noticias© Comunicación Institucional, 20/02/2008

Universidad de Navarra

Cuba año cero

Autor: Ignacio Uría
Doctor en Historia de América
Universidad de Navarra

Fecha: 20 de febrero de 2008

Publicado en: Diario de Navarra

Empieza el futuro en Cuba porque Fidel Castro ha renunciado a la presidencia y a la jefatura militar de la isla. El diario oficial Granma publicó un artículo de Fidel Castro titulado “Mensaje del Comandante en Jefe” en el que se confirma un secreto a voces: Fidel no volverá a gobernar. Con este abandono termina medio siglo de Historia concentrada en un solo hombre.

El principio del fin sucedió en el verano de 2006, cuando Castro delegó temporalmente el poder en su hermano Raúl. Desde ese momento no volvió a aparecer en público y es probable que no vuelva nunca. Su deterioro es progresivo y, por lo que se deduce de su mensaje, irreversible. Él mismo confirma que le falta el vigor suficiente para afrontar el futuro. Tiene 81 años y demasiado orgullo para que sus compatriotas le vean apagarse como una vela.

Sin embargo, Fidel está tranquilo porque la vieja guardia, apoyada en los jóvenes comunistas, continuará con la revolución. Es decir, el Partido Comunista será el sustituto de Fidel, ya que nadie es capaz de llenar el vacío que deja. Nadie salvo el pueblo cubano, que una vez más ha sido ignorado.

Por tanto, parece que la nación está madura para asumir la noticia de la despedida y, quizá, para iniciar la transición. Raúl Castro y sus ministros se preparan ahora para la batalla política que se avecina y atan cabos para que la situación no se desquicie. El país, de hecho, lleva año y medio sin Fidel al mando y pocas cosas han cambiado.

Con la renuncia llega el turno de la diplomacia y la política. Si todo se desarrolla con sentido histórico, Cuba comenzará un período de cambios graduales. Por ejemplo, liberalizar con moderación la economía –sobre todo, en el sector agrario, incapaz de abastecer a los mercados– o tomar decisiones con poca carga política y mucha trascendencia social, ya sea permitir la entrada de cubanos en los hoteles de turistas o reestablecer los vuelos con EE.UU. Eso bastaría a una población acostumbrada a ilusionarse con cambios minúsculos.

A corto plazo el poder seguirá en manos del Partido Comunista, el único que puede garantizar el orden interno y dueño, además, de un arma poderosa: autorizar la salida incondicional del país. Si eso se permitiera, el éxodo inmediato hacia Miami sería de 1 millón de personas, posibilidad que aterra a los americanos. Por tanto, a todos les conviene que la transición sea tutelada por el Partido y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

En el exterior, EE.UU. y Europa ya han presentado sus exigencias de cambio –entre ellas, la amnistía para los presos políticos y la legalización de los partidos opositores–. Más adelante demandarán reformas legales y elecciones. No hay otro camino a la democracia y así Washington podría levantar el embargo que mantiene desde 1962.

Las incógnitas finales son descubrir al Adolfo Suárez cubano y a qué velocidad se darán los cambios. El peligro, sin embargo, sólo es uno: que el proceso se atasque. Una contrarrevolución no es factible porque las armas sólo las tiene el Estado, pero una escisión en las FAR entre inmovilistas y reformistas sería fatal. La gran duda es Hugo Chávez, que puede reforzar al búnker del régimen a cambio de que todo siga igual.

En una cosa sí están todos de acuerdo: no se puede continuar como hasta ahora. Por eso la renuncia de Fidel Castro es la señal inequívoca de que ha comenzado el futuro.

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