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El decálogo de las nuevas organizaciones

La persona, el activo más importante
Autor: Ángel Baguer
Subdirector de la Escuela
Superior de Ingenieros
Universidad de Navarra
Fecha:  20 de enero de 2002
Publicado en:  Diario de Navarra

Los avances tecnológicos han revolucionado las plantas de fabricación y los negocios debido fundamentalmente al desarrollo creciente de la informática, la robótica, la electrónica, las comunicaciones y los nuevos materiales. Al igual que sucedió con las anteriores revoluciones industriales, se puede pensar que las personas puedan perder importancia relativa a medida que avanzan las nuevas tecnologías. Sin embargo, la tendencia actual indica que no sólo las personas no pierden importancia sino que cada vez es y será mayor su protagonismo. Las empresas disponen de lo mejor en el campo técnico: ordenadores, maquinaria avanzada y procesos altamente mecanizados, pero los triunfos o fracasos de las empresas dependen de las personas. Su valor es más importante que nunca.

Las personas son el principal activo de las organizaciones por encima de los activos materiales y financieros. Son las mentes creativas de las que depende todo el proceso industrial: diseñan el producto, gestionan los aprovisionamientos, planifican la producción, controlan el proceso y la calidad, comercializan los productos y establecen los objetivos y estrategias de la organización. Las personas son la clave para que las empresas, sujetas al cambio continuo, puedan lograr sus objetivos en el mercado competitivo de hoy.

Pero, ¿cómo se puede lograr maximizar el beneficio proporcionando a la vez las condiciones necesarias para que las personas sean tratadas como su dignidad requiere y estén motivadas en el trabajo? Pues no queda otra alternativa que cambiar las estructuras empresariales y la forma de trabajar a través de una gestión adecuada de los recursos humanos. Estos son los pilares en los que deben sustentarse las nuevas organizaciones:

  1. Liderazgo. La existencia o no de liderazgo se considera la base del éxito o fracaso de las organizaciones.
  2. Organigramas horizontales. La estructura empresarial tiene que ser horizontal con los mínimos niveles jerárquicos. La organización debe basarse en procesos a través de equipos multidisciplinares y autogestionados.
  3. Delegación de responsabilidades. Sin delegación es imposible mejorar respecto al año anterior con las mismas personas en plantilla. El trabajo tiene que estar repartido y distribuido entre todas las personas de la organización. Los trabajadores, si la organización dispone de flexibilidad de normas y procedimientos, tienen que tener autonomía para poder tomar decisiones con derecho a equivocarse alguna vez.
  4. Formación continua. Es preciso invertir en el principal activo de la empresa, las personas, motivarlas y gestionar el conocimiento. Una de las habilidades más importantes de las personas de una organización debe ser la capacidad para aprender rápido y poder de esta forma adaptarse pronto a los cambios.
  5. Adecuación de puestos de trabajo. Se necesita conocer a las personas para ser consciente de sus limitaciones y aprovechar sus puntos fuertes en el puesto de trabajo más adecuado para ellas. Las empresas derrochan a veces recursos en formación porque tratan de formar a cualquiera para cualquier tema.
  6. Reconocimiento del trabajo. Las empresas deben reconocer el trabajo de sus empleados tanto en el plano de la justa retribución salarial como en el del agradecimiento a la persona por su comportamiento y actitud.
  7. Comunicación. Los trabajadores deben conocer los planes de su empresa, el estado económico y financiero de la misma y las incidencias laborales que puede haber por fusiones y absorciones.
  8. Salud laboral. Cada trabajador debe llegar a su casa al menos con la misma salud que sale de la misma cuando va a su trabajo. Aquí se deben considerar conceptos como la prevención de riesgos, ergonomía, espacios abiertos, zonas de descanso, luminosidad, climatización, ausencia de ruidos, toxicidad y condiciones ambientales.
  9. Gestión adecuada de los cambios. La empresa debe hacer únicamente los cambios necesarios (aquellos en los que el beneficio supera al coste). La organización tiene que comunicar adecuadamente el cambio explicando por qué se hace y los sacrificios que conlleva. El equipo de cambio debe realizar una planificación adecuada remarcando las actividades que se van a realizar, los plazos de ejecución y sus responsables. Por último, la empresa tiene que compartir los beneficios del cambio con los trabajadores siempre que proceda.
  10. Ética en el trabajo. En una organización, el comportamiento ético de todos los que trabajan en ella tiene que ser una virtud que se desarrolle siempre. Los directores son responsables de la toma de decisiones éticas en sus organizaciones y de propagar esta actitud en el resto de trabajadores. Pero además, la ética es un factor competitivo ya que es el mercado el que está exigiendo un comportamiento ético del empresario y de la empresa.

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