Noticias© Comunicación Institucional, 19/09/2007

Universidad de Navarra

Sánchez Bella, pionero ejemplar

Autor: Rafael Domingo
Catedrático de Derecho Romano
Universidad de Navarra

Fecha: 19 de septiembre de 2007

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Hace unos días, la clausura de un interesante curso de verano sobre unidad y pluralidad política en la historia constitucional europea sirvió de marco para homenajear al profesor Sánchez Bella, piedra angular de la Universidad de Navarra y maestro de historiadores y juristas españoles e iberoamericanos.

Visionario e inconformista, Ismael Sánchez Bella ha llegado a ser una autoridad mundial en el derecho indiano, aplicado en el Nuevo Mundo tras el descubrimiento de América. Su intensa labor investigadora en este campo culminó, hace unos años, con el hallazgo, en el Archivo del Duque del Infantado, de la Recopilación de las Indias del castellano y sanmarquino Antonio de León Pinelo.

Desgraciadamente, sabemos que la recopilación, lista ya para su impresión en tres volúmenes, fue depositada, en 1636, tal vez por falta de dinero, en un cajón, bajo llave, en la sala mayor del Consejo. Pese a ello, su interés es indudable e incluso su carácter práctico, ya que, hasta la Recopilación de Leyes y de los Reinos de las Indias de 1680, ésta de Pinelo fue profusamente utilizada por los consejeros de Indias. Además, sirvió como “anteproyecto” de la importante recopilación de 1680.

Una edición con la transcripción del manuscrito, precedida de un extenso estudio preliminar, fue publicada por don Ismael, en México, en 1992, con ocasión del quinto centenario del descubrimiento de América.

Con todo, en el corazón de miles y miles de estudiantes, Sánchez Bella es algo más que un erudito investigador. Don Ismael no es ni ha sido jamás uno de esos intelectuales ―que tanto abundan, prestos a refugiarse en sendas torres de marfil cuando suena la trompeta del compromiso. Él, por el contrario, tiene el carisma de una rara avis, el optimismo a prueba de bomba del hombre valiente ―y no empleo una metáfora, como en seguida veremos, y la certeza del buscador insaciable. Don Ismael es, ante todo y sobre todo, un pionero. Un gran pionero de los de antes, que apostó por una de las aventuras intelectuales españolas más importantes del siglo XX: la fundación de la Universidad de Navarra, por expreso deseo de san Josemaría Escrivá.

Pionero y magnánimo. Las virtudes y la buena disposición de don Ismael fueron determinantes para la construcción de la Universidad de Navarra, y la visión que demostró a lo largo de aquellos primeros años de heroísmo y sacrificio permitió el crecimiento y la consolidación de la que, con el tiempo, se convertiría en un gran centro académico. Él y los de su generación huyeron de la cansina inercia del docente aburguesado y de la peligrosa molicie de una burocracia educativa que encorseta la iniciativa y ahoga la libertad responsable.

Estoy convencido, además, de que sin un gigante de su porte, la Universidad de Navarra no sería lo que es hoy: un ateneo de referencia global con centros que juegan ya en la liga mundial de campeones, como el IESE o el CIMA. Y es que Sánchez Bella es de aquellos que hace el ruido de tres y el trabajo de tres mil, compatibilizando en la praxis cotidiana la difícil y vibrante tarea del hombre de gobierno con la serena labor del intelectual que profesa la docencia.

Pionero y generoso. En efecto, grande es el corazón de este valenciano -navarro por adopción- que, durante más de cincuenta años, supo pasar inadvertido dentro de la institución que él ayudó a forjar, desempeñando con gran tino las tareas, más o menos vistosas, que hubo de asumir.

Supo, como nadie, querer lo que hacía -sin hacer lo que quería-, demostrando un altísimo sentido del deber y del servicio. No cejó nunca en su empeño de enseñar con el ejemplo, preocupándose por todos y por cada uno de los alumnos, siempre el primero, siempre eficaz, siempre alegre, siempre en silencio.

Pionero y optimista. Recuerdo como si fuera ayer aquel mediodía de 24 de junio de 1981, en que ETA atentó por segunda vez contra el Edificio Central de la Universidad de Navarra. En medio de un auténtico caos, el rostro sereno de don Ismael se hizo sentir. Con gran optimismo, liderando a alumnos, profesores y trabajadores de la Universidad, Ismael Sánchez Bella cosechó paz de las semillas del odio, transformando la tensión en la serena quietud que emana del líder.

Viendo a don Ismael junto al edificio bombardeado parecía que lo mejor que le podía haber ocurrido a la Universidad de Navarra aquel infausto día era sufrir un atentado. Y ya desde esa misma tarde, don Ismael comenzó a reconstruir lo que el terror quiso borrar con la torpeza de la pólvora. Para él, siempre es época de comenzar y recomenzar continuamente.

Nunca olvidaré sus lecciones ordinarias, -que de ordinarias, nada tenían-, sus sabios consejos -muchos de ellos muy prácticos- y su don de gentes, que han hecho de él un “experto en humanidad”, que sabe anticiparse a los problemas. Es, sin duda, un hombre ducho en el arte de amar, que es tanto como servir. Reconocido por indianos y españoles, por discípulos y amigos, Ismael Sánchez Bella es un coloso que ha sabido soñar y jugarse la vida por un alto ideal. Soñar y contemplar cómo el fruto de sus desvelos se hacía realidad. Soñar y trabajar sin apenas descanso.

Gracias, don Ismael, por su vida lograda, por su entrega silenciosa, por su fidelidad ejemplar. Gracias por ser, como dijo Álvaro d’Ors, “el paladín infatigable de la Universidad de Navarra”. Su nombre, por esto, por todo, quedará unido por siempre al de esta universitas studiorum, grabado a fuego en sus columnas más firmes. Esas que nadie advierte. Esas que más se necesitan.

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