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19/05/2009

Individuo y sociedad, una pelea desigual

Autor: Santiago Álvarez de Mon
Profesor del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 19 de mayo de 2009

Publicado en: Expansión (Madrid)

"La independencia y soberanía del individuo son fácilmente engullidas por la conciencia del pueblo y la colectividad de las clases... El carácter misterioso de los seres humanos prácticamente se ha perdido", escribe Gao Xingjian, escritor chino, premio Nobel de Literatura. Analista agudo de la realidad de su país, habla con fundamento cuando denuncia la represión de la individualidad, tan característica de la tradición cultural china. Sin irnos tan lejos, por aquí también sufre el singular enigma de cada hombre y mujer.

Privada la persona de sus señas más íntimas de identidad, la multitud adquiere un protagonismo impropio de su anonimato, temeridad e ignorancia. El fútbol, espectáculo de masas, es teatro idóneo para que el ser humano desista de su peculiaridad y languidezca en su reducida y pobre condición de gregario.


Mientras rueda el balón, la adscripción a un grupo puede convertir a una persona razonable en un papanatas iracundo. La última final de la Copa del Rey (bacanal nacionalista auspiciado por años de silencios y omisiones vergonzantes, en la calle se recoge lo que se siembra en las aulas) es una muestra enfervorizada del triunfo de la muchedumbre sobre la persona.


En otros recintos menos ruidosos, la libertad del ser humano también es vigilada. La actividad política, deteriorada en profesión sometida al márketing, se presta a menudo al linchamiento del individuo. Ante leyes de dudosa calidad moral se impone la disciplina de partido, se distribuye manu militari la consigna, se nacionaliza y colectiviza la conciencia, jugada maestra, erradicando cualquier evocación de la libertad personal de decidir.


Avisado del progresivo deslizamiento de la persona a la modesta categoría de miembro de un clan o grupo, observo esperanzado el nombramiento de mi colega, José Manuel Campa, como Secretario de Estado de Economía. Durante los últimos años como compañeros de Claustro en el IESE, he compartido con él programas de formación de directivos, reuniones multidisciplinares y debates académicos.
Intelectualmente riguroso, investigador tenaz, profesional de sólidos principios éticos, es una persona humilde, abierta y dialogante que disfruta, aprende y crece trabajando en equipo. Con una enorme capacidad de trabajo, profesor serio y exigente, se hace querer y respetar por sus alumnos. De trato fácil y cercano, es un hombre sencillo y campechano, enamorado de su familia, al que le apasiona su profesión, los amigos, una buena tertulia, el deporte, viajar y cultivarse, la naturaleza.


Maratoniano acostumbrado a disputar extenuantes carreras, ¿culminará ésta con éxito? Hombre recio e independiente, con una piel gruesa curtida en mil batallas, ¿será capaz de preservar su libertad mientras aporta su valioso grano de arena o quedará enredado en las pegagosas telarañas del poder? Yo, particularmente, no tengo dudas al respecto, por eso me alegro de la iniciativa del Gobierno y de la posterior aceptación de Campa.


Su llegada al Ministerio es la victoria del saber sobre la ideología, del talento sobre la incompetencia, de la excelencia sobre la mediocridad. Nos pasamos el día quejándonos de la ausencia de profesionales brillantes en la vida política, y cuando algunos tienen el arrojo y coraje de servir a su país desde posiciones delicadas, en circunstancias muy poco propicias, sacrificando legítimos intereses económicos y personales, les negamos a priori cualquier margen de mejora.


No seré yo quien caiga en esa pesimista actitud. El tiempo despejará las incógnitas ahora planteadas. Hasta que llegue el momento de hacer balance, le transmito mi enhorabuena y gratitud a Un querido compañero de tareas docentes al que ya echo de menos, y felicito de veras al Gobierno por la oportunidad y acierto del fichaje. Su éxito, el del trabajo y la inteligencia, redundará en beneficio de la sociedad. Si tropezara, estoy seguro que se levantaría raudo y veloz con ánimo de proseguir su andadura vital. Con su marcha, perderíamos el resto de los ciudadanos. ¡Suerte, señor secretario de Estado!

En sintonía con Xingjian, reitero el orden; primero, el singular, depositario de lo más valioso y creativo del ser humano; después, el plural, suma enriquecedora si respeta y estimula el genio individual. Aquí, en China y en todo el planeta.

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