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19/04/2009

A por lo importante, que también es lo urgente

Autor: José Manuel Campa
Profesor del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 19 de abril de 2009

Publicado en: El Mundo (Madrid)

Si esta semana se fuera de vacaciones con su familia en coche y subiendo un puerto de montaña de repente se le encendiesen unas luces rojas en el cuadro del coche y saliese humo del motor tendría tres opciones: seguir hacia delante con algo más de cuidado ignorando las señales que recibe; parar, esperar a que se enfríe el motor, deducir que dados los síntomas el problema es que falta agua, echarla y continuar, olvidándose del incidente; o parar, identificar la fuente del problema e intentar resolverlo atendiendo a su familia lo mejor posible.

Esto es exactamente lo que ha estado ocurriendo con la economía española durante los últimos años. Se le habían encendido las luces rojas desde hacía varios años, pero seguíamos conduciendo, en parte porque la economía mundial nos llevaba por una carretera fácil. De repente, la economía mundial entró en recesión, empezó a subir un puerto con cuestas cada vez más empinadas, y nuestra economía a echar humo.

En un primer momento, intentamos seguir hacia delante. Después, empezamos a poner medidas para poder seguir hacia delante en la expectativa de que la crisis mundial pasase y pudiéramos olvidar el incidente. La gran mayoría de las medidas tomadas hasta ahora para solucionar los problemas de liquidez, estimulación de la demanda, gasto fiscal y ajuste en el sector financiero van en esa dirección.

Sin embargo, no hemos hecho todavía el esfuerzo de identificar el problema y resolver su raíz, y no los síntomas que surgen. Por suerte, existe consenso en cuál es el problema de fondo más urgente, que coincide además con uno de los más (si no el más) importantes. Lo más urgente es frenar la sangría de crecimiento en el paro, que tiene su esencia en el problema importante: el funcionamiento de nuestro mercado laboral.

Tenemos un mercado laboral que podríamos llamar disfuncional.En cualquier comparación con los países de nuestro entorno (la UE- 15, por ejemplo) los indicadores de nuestro mercado laboral siempre aparecen en un extremo. Tenemos la tasa de paro y la tasa de empleo temporal más alta de los países del entorno. También contamos con la segunda menor tasa de empleo a tiempo parcial. Además, tenemos el segundo mayor índice de protección al empleo y una de las mayores economías sumergidas de nuestro entorno. A esto se unen factores demográficos que no ayudan, puesto que tenemos también una de las menores tasas de empleo (porcentaje de personas en edad de trabajar).

Existen dos explicaciones genéricas para este comportamiento tan dispar: las distintas preferencias y actitudes ante el trabajo que tenemos los españoles versus nuestros vecinos europeos; y el distinto conjunto de incentivos derivados de nuestro entorno regulador del mercado que lleva a los trabajadores españoles a comportarse de forma muy distinta.

La primera no parece razonable, puesto que si cada vez somos más europeos en nuestros hábitos de consumo, ahorro, gustos y otros atributos por qué no lo vamos a ser en nuestra actitud ante el trabajo.

La segunda requiere una actuación integral. No basta con centrarse en un aspecto concreto o puntual como se ha hecho hasta ahora.El mercado de trabajo es complejo, con multitud de decisiones que cada individuo, familia y empleador debe tomar. Entre ellas: querer trabajar o no; si se quiere, por cuenta ajena o propia; a tiempo completo, parcial, o temporal; uno o varios miembros de la familia. Además tiene implicaciones muy importantes para decisiones como consumir, comprar bienes duraderos, educarse o tener hijos.

La reforma debe ser integral y partiendo de tres principios básicos.El primero, la simplificación del sistema. El segundo, que la decisión de trabajar, cuántas horas, y en qué condiciones, no dependa de especificidades de contratos laborales, si no de las preferencias de las partes contratantes (empresas y trabajadores).Los contratos deben estar para ayudar y favorecer a la contratación no para determinar la forma en que se debe contratar. El tercero debe ser distinguir claramente entre el mercado laboral y el conjunto de prestaciones sociales no vinculadas al esfuerzo laboral que como sociedad queremos proveernos. No hagamos que lo uno interfiera con lo otro.

Esto requiere una reforma integral, compleja, y coordinada en la que deben estar todos los agentes involucrados que representan a la sociedad. Seguro que es difícil, pero por suerte es lo importante y también lo urgente, con lo que no hay más remedio que hacerlo.

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