Noticias© Comunicación Institucional, 19/04/2006

Universidad de Navarra

¿Quién gobierna tras un año de pontificado?

Autor: Francisco Varo
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 19 de abril de 2006

Publicado en: ABC (Madrid)

Se ha cumplido un año de aquella tarde en que, tras un sólo día de Cónclave, desde la chimenea de la Capilla Sixtina subía al cielo de Roma la fumata bianca y el Cardenal Protodiácono proclamaba el tradicional Habemus Papam. Después del queridísimo Juan Pablo II, una nueva genialidad del Espíritu Santo nos regalaba a Benedicto XVI.

La gente todavía lloraba la ausencia de Juan Pablo II, querido como verdadero padre y amigo por todo el pueblo cristiano, y se abría al hasta entonces cardenal Josef Ratzinger un camino difícil de recorrer. Si en el momento de su elección pudo haber gente de bien que mirase con prevención al nuevo Papa sin conocerlo, como consecuencia de la burda caricatura con la que los enemigos de Juan Pablo II habían intentado deformar la imagen de este hombre de Dios, en los doce meses transcurridos desde su elección hemos podido experimentar que en la sede de Pedro seguimos teniendo un hombre cercano que escucha, que pide ayuda, que consuela, que invita a mirar la vida con realismo y alegría, con fe. El test del primer año bien se puede decir que lo ha superado con sobresaliente.

Tuvo que afrontar el reto de ser el sucesor de un hombre santo y con una fuerte personalidad. Y lo asumió con una fórmula magistral: una fidelidad inquebrantable a la verdad junto a una vigorosa creatividad para afrontar las nuevas situaciones, y siempre con su propio carácter de hombre sereno que contempla a Dios, escucha a los demás, y habla con una sencillez y sentido común aplastantes.

Si tuviese que seleccionar mis imágenes favoritas de este primer año, la elección me resultaría muy difícil, pero hay algunas que no podrían faltar porque en ellas se encierran las claves de lo que llevamos de pontificado.

La primera, un Papa arrodillado ante el Santísimo expuesto en la Custodia durante la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Colonia, rodeado de una multitud de chicas y chicos jóvenes, llenos de vitalidad y de alegría, felices de unirse a su adoración a Jesús Sacramentado.

La segunda, un Papa sentado mientras escucha atentamente las opiniones de cardenales de todo el mundo reunidos en el último Consistorio acerca de algunas cuestiones que había querido someter a su consulta. O el mismo Papa atento a las experiencias y pareceres del clero de la diócesis de Aosta durante el pasado mes de julio, o de los sacerdotes de la diócesis de Roma hace unos meses, y dialogando abiertamente con ellos.

La tercera, un Papa que puesto en pie predica el Evangelio y explica la fe de la Iglesia de modo atractivo, con voz sencilla y clara. Sus homilías, alocuciones y escritos son entrañables y se entienden bien. Durante la homilía de la misa del inicio de su pontificado, por ejemplo, al explicar el simbolismo del anillo del pescador, apuntó de modo gráfico a una urgencia de la Iglesia actual y que de algún modo ha estado presente en todas sus acciones: “Hay que echar las redes para conquistar los hombres para el Evangelio, para Dios, para Cristo, para la vida verdadera”. Una pesca que, al contrario de lo que sucede con los peces, no mata sino que libera de todas las alienaciones y conduce a la alegría.

En estos momentos de crisis y tensiones Benedicto XVI habla sin complejos del amor de Dios, con la certeza de que “quien gobierna el mundo es Dios, no nosotros. Nosotros le ofrecemos nuestro servicio sólo en lo que podemos y hasta que Él nos dé fuerzas. Sin embargo, hacer todo lo que está en nuestras manos con las capacidades que tenemos, es la tarea que mantiene siempre activo al siervo bueno de Jesucristo: “Nos apremia el amor de Cristo” (2 Co 5, 14)” (Enc. Deus caritas est, n. 35).

Se hace patente la urgencia de corresponder a lo que pedía a todos los cristianos al iniciar su pontificado: “No debo llevar sólo lo que nunca podría llevar solo, me acompaña vuestra indulgencia, vuestro amor, vuestra fe, vuestra esperanza”.

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