Noticias© Comunicación Institucional, 19/03/2006

Universidad de Navarra

La venganza

Autor: Josep Ignasi Saranyana
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 19 de marzo de 2006

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

Benedicto XVI ha publicado su primera encíclica, bien recibida por todos, incluso con comentarios muy elogiosos. El mío será uno más, sobre un punto quizá poco destacado.

Con frecuencia se ha relacionado a Dios con la venganza o con la obligación del odio y la violencia, ha escrito el Papa en el prólogo de su carta. Así lo hemos visto en el Viejo Testamento, en bastantes sectas del islam radical, en algunas confesiones minoritarias surgidas de la Reforma e, incluso, en pequeños sectores católicos, sobre todo en tiempos pasados. (Los ejemplos son míos).

La Ley antigua del Talión supuso una limitación de la venganza, que nunca podía superar la ofensa. Cristo, sin embargo, mejoró cualitativamente la Ley del Talión, instaurando la ley del perdón y del amor. Algo que entonces resultaba costoso y que todavía escandaliza a muchos. Por eso, aún en nuestra época, algunos elevan la venganza a la categoría de principio político e, incluso, la consagran como criterio religioso, lo cual resulta más asombroso, si cabe.

Hace años un colega protestaba airadamente porque se construía un monasterio carmelitano en Auschwitz y me espetaba muy indignado: "¡Allí no se puede rezar, porque no cabe el perdón!". La memoria del holocausto, para que jamás se repita esa monstruosidad, no invalida la ley suprema del perdón.

La benevolencia, tantas veces heroica, sublima la memoria. Ahora, cuando las multitudes exigen venganza (por inadmisibles ofensas a su sensibilidad religiosa), debemos recordar que el primer mandamiento de la Nueva Ley es el amor. "Por eso en mi primera encíclica deseo hablar del amor", ha subrayado el Pontífice. El que ofende debe excusarse ante el ofendido; y el ofendido debe perdonar al ofensor.

No es superfluo, en un contexto cristiano, recordar que Dios nos ha amado primero y que, por ello, también nos ha perdonado muchísimo. Nadie está exento de culpa. Quizá por ello el Papa ha dividido su encíclica en dos partes: ante todo, el amor de Dios a los hombres, que nos colma, y después, el amor que nosotros queremos comunicar a los demás.

Cuidado: no incitemos a la venganza.

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