Noticias© Comunicación Institucional, 19/01/2007

Universidad de Navarra

La involución del IRPF

Autor: Antonio Vázquez del Rey
Profesor de Derecho Financiero y Tributario
Universidad de Navarra

Fecha: 19 de enero de 2007

Publicado en: Expansión (Madrid)

El nuevo IRPF modifica sustancialmente el tratamiento de las rentas destinadas a cubrir las necesidades vitales. La técnica que sigue se basa en el cálculo de la cuota tributaria que corresponde a la totalidad de la renta obtenida y la posterior deducción de ciertas cantidades. Dicha deducción se determina sumando las cantidades por mínimo exento y aplicándoles la tarifa del impuesto lo que hace que, dada la extensión del primer tramo, se genere con carácter general una deducción del 24% (salvo en el caso de familias numerosas en las que se deduce el 27% del exceso). Según declara la Exposición de Motivos de la Ley, el resultado equivale a aplicar un tipo cero a las rentas destinadas al sostenimiento de las necesidades vitales de manera que “contribuyentes con iguales circunstancias personales y familiares logran el mismo ahorro”, a diferencia de lo que ocurría en el IRPF anterior en que “una misma necesidad tenía distinta consideración en el impuesto en función del nivel de renta”.

Al margen de estos tecnicismos, lo relevante es si el resultado se traduce en un impuesto más equitativo y, por tanto, si la reforma supone un paso adelante en la evolución hacia la justicia del impuesto o si, por el contrario, comporta un retroceso. Para ello es preciso recordar que en el impuesto derogado la capacidad contributiva venía determinada por la renta obtenida y por las circunstancias personales y familiares, de manera que dicha capacidad existía a partir del momento en que la renta excedía de los importes necesarios para cubrir las necesidades vitales. Estas cantidades quedaban al margen y no influían en el tipo aplicable sobre las demás rentas. Por el contrario, el nuevo impuesto parte de la premisa de que el contribuyente tiene capacidad de contribuir desde el primer euro ganado y, aunque no grava directamente los mínimos exentos, tiene en cuenta su importe a efectos de determinar el tipo impositivo aplicable a las demás rentas.

El IRPF, como cualquier otro impuesto, debe aspirar a gravar igual capacidades contributivas iguales; ahí es donde radica su justicia. El impuesto ha de situar a cada contribuyente en el escalón que le corresponde según su capacidad contributiva, de manera que personas con la misma capacidad tributen en la misma medida. Frente a este planteamiento, el impuesto actual coloca a todos los contribuyentes que ganan la misma renta en el mismo peldaño, ignorando que a aquéllos con más necesidades (por discapacidad, número de hijos, etc.) y, correlativamente, una menor capacidad contributiva les corresponde estar en un escalón inferior. La premisa en la que se basa supone a todas luces un retroceso evidente puesto que no diferencia adecuadamente lo que son realidades distintas, que personas que ganan lo mismo tienen distinta capacidad contributiva. En lugar de profundizar en la condición del impuesto como instrumento idóneo para realizar la igualdad material entre los ciudadanos, de tratar a cada uno según su capacidad, opta por reintroducir la falta de equidad procurando enmascararla a los ojos del contribuyente con una técnica ya superada.

© 2007 Universidad de Navarra | Campus Universitario. 31080 Pamplona. Navarra (España). Tfno: +34 948 42 56 00 | Enviar e-mail de consulta Noticias

 

NoticiasDirectorioCuerpo