Noticias© Comunicación Institucional, 18/06/2005

Universidad de Navarra

A favor del sentido común

Autor: Augusto Sarmiento
Vicedecano de la Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 18 de junio de 2005

Publicado en: Diari de Tarragona


La conversación discurría normal. Como siempre. Más viva, quizá, que otras veces. El tema era la manifestación en Madrid a favor de la familia. De pronto mi interlocutor, el empleado de la gasolinera donde llenaba el depósito del coche, dice, a la vez que señalaba a la señora que paseaba el perro: "Eso del matrimonio de los homosexuales es como si esa señora viene ahora aquí y me pide que ponga gasolina a su coche, indicando al perro. ¿Qué le diría yo? Con el mayor de los respetos le contestaría: ¡Señora, no puedo hacer lo que pide! ¡Su perro no es un coche! Y eso no depende de usted, ni de mí, ni de que nos pongamos de acuerdo todos los que pasan por aquí. Actuando de esa manera, nadie podría reprocharme o acusar de intolerante. No iría contra la señora, ni contra el perro. Estaría proclamando la verdad. Me dejaría llevar por el sentido común".

Las uniones de homosexuales no son matrimonio. Por tanto no debieran utilizar ese nombre. No es una cuestión cultural, religiosa o política. Lo exige la realidad de las cosas. Y así lo han percibido los diversos pueblos y culturas a lo largo de la historia, que, aunque con distintos modos de organizarse, se han referido siempre con ese término a una institución natural, es decir, enraizada en la misma naturaleza humana.

Las palabras no son cajas vacías en las que se puede meter cualquier cosa. Es verdad que, por libre convención entre los habitantes de una determinada región o área cultural, se puede atribuir a un término o expresión una significación que poco o nada tiene que ver con la realidad significada (es el caso de la bandera para señalar a la nación). Pero hay otro tipo de signos que no son convencionales y su significado (lo que quieren decir) viene marcado por la realidad (el humo es indicador del fuego). Y eso es lo que pasa con el matrimonio y la familia. No son productos culturales. Hunden sus raíces en la humanidad del hombre y de la mujer. El bien del hombre y de la mujer exige que el matrimonio sea de uno con una y para siempre.

Matrimonio y familia son instituciones que se implican y reclaman mutuamente. Por eso importa identificar bien la naturaleza y características de cada una de ellas. Sólo de esa manera contribuirán a la realización y perfeccionamiento del hombre y, por ello, de la sociedad. Eso es lo que pidió -¡no otra cosa!- la manifestación en Madrid.

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