Noticias© Comunicación Institucional, 18/05/2008

Universidad de Navarra

Malos tiempos para la libertad

Autor: Antonio Argandoña
Profesor del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 18 de mayo de 2008

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Unos tiempos de menor ritmo de actividad, aunque no acaben en una verdadera recesión, no suelen ser buenos para la libertad, porque generan incertidumbre y, como dice Raimondo Cubeddu, “el poder es, con frecuencia, un producto del intento de superar una situación de incertidumbre, atribuyendo a alguien la potestad de crear artificialmente (o políticamente) aquella certeza a la que todo individuo o grupo social aspira, y que se refiere a la futura realizabilidad de sus expectativas”. Ya se sabe: el Estado promete resultados, y los ciudadanos están dispuestos a sacrificar algo de su libertad a cambio de esos resultados, sin darnos cuenta del alto coste que pagarán por ellos.

“De acuerdo”, me dice el lector, “pero la situación empieza a ser grave. Hay que hacer alto, y pronto”. Es la tiranía del corto plazo, fruto de una sociedad que ha perdido su capacidad de esperar, de tener paciencia: lo queremos todo ya. Y cuando nos damos cuenta de que no es posible disfrutar de todo esto a la vez, nos quejamos, y estamos dispuestos a sacrificar un buen largo plazo, a cambio de un corto plazo placentero.

Lo que hay detrás de ese error son, a menudo, propuestas de contenido político, pero no buenas políticas. Sobre todo, deberían llevarnos al reconocimiento de los errores cometidos en el pasado. Pero no estamos dispuestos a reflexionar sobre ese error, sino que queremos soluciones inmediatas y poco dolorosas. Si esto acaba generando nuevos problemas,… bueno, ya los arreglaremos cuando lleguen. O mejor, ya nos los arreglarán. ¿Quiénes? Ellos, los políticos, los bancos centrales, los gobiernos,… ¿Un ejemplo? Gillian Tett se preguntaba hace unos días si lo que ahora escuchamos acerca del boom de los precios de los alimentos no es lo mismo que oíamos hace pocos años, cuando la burbuja de las dot.com, o más recientemente en el mercado inmobiliario: estos precios nunca caen (ya lo creo que caen), las circunstancias son distintas,…

Es difícil conservar la calma en tiempos como los nuestros. Hay que hacer cosas impopulares, aunque sean políticamente incorrectas. Hay que saber explicarlas y, si hace falta, hay que saber imponerlas. El suplemento semanal del Financial Times de hace unos días recogía el testimonio de John Lloyd, un periodista inglés. La foto recogía un piquete de manifestantes que veían pasar unos camiones protegidos por la policía. Era el 25 de enero de 1986; Rupert Murdoch había trasladado su empresa fuera de Londres y había reducido drásticamente su plantilla. Los camiones los conducían los esquiroles, distribuyendo los periódicos de Murdoch a pesar de la huelga y los piquetes. Lloyd saca sus conclusiones: puso en evidencia, dice, el intento de frenar el progreso tecnológico mediante una huelga.

Malos tiempos para la libertad, si los ciudadanos sacrifican las cosas importantes a los resultados a corto plazo, si los políticos ceden al populismo y si los medios de comunicación no adoptan actitudes críticas ante unos y otros. Necesitamos defender las instituciones que nos permiten mantener las libertades, también las libertades económicas. Es verdad que no tenemos la certeza de que esas instituciones sean las mejores, pero conocemos su eficiencia pasada, y estamos en condiciones de aprender de nuestros errores para tratar de mejorarlas.

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