Noticias© Comunicación Institucional, 18/04/2006

Universidad de Navarra

Nuevos lenguajes para la paz

Autor: Rafael Hernández Urigüen
Profesor de Ética
ISSA (Universidad de Navarra)

Fecha: 18 de abril de 2006

Publicado en: Deia (País Vasco)

Nadie duda que nos encontramos en una nueva situación desde el pasado 23 de marzo. El alto el fuego, indiscutiblemente, supone una buena noticia. Se ha escrito mucho y también los discursos y palabras se prodigan, incluso, en opinión de algunos, con exceso.

Personajes públicos, analistas y otros hablan y declaran lo indecible, eso sí, matizando previsiones y optimismos bajo las recurrentes palabras "cautela" y "prudencia". No me compete emitir juicios sobre lo que compete a los políticos y actores sociales, ni valorar el volumen o alcance de sus palabras. Existe una autonomía del orden temporal a la que siempre procuro acercarme con respeto, cariño y desde una perspectiva ética cristiana. Como profesor y capellán universitario también siento la responsabilidad de contribuir, en la medida de mis posibilidades, a fomentar entre el alumnado una mentalidad crítica, dialogante, pacífica y pacificadora.

Todos anhelamos esa paz, y todavía resuenan, en otras dimensiones de discurso, las palabras de Benedicto XVI comentadas por nuestro obispo hace unas semanas al finalizar la marcha de oración en el Santuario de Arantzazu: "Os invito a rezar para que, por intercesión del Santo Francisco de Javier, todos intensifiquen sus esfuerzos por consolidar los horizontes de paz que parecen abrirse en el País Vasco y en toda España, y a superar los obstáculos que puedan presentarse a lo largo de este camino". Juan María Uriarte glosaba: "Es difícil decir tanto en tan pocas palabras. Lejos de confinarse en la reserva desconfiada, el Papa ha reconocido con alegría que se abren al parecer expectativas de paz".

En Arantzazu, el obispo de San Sebastián exhortaba a rogar por esa paz, pues siempre será regalo de Dios, y a contribuir todos, sin exclusión ni omisiones, en lo que exige como tarea, acentuando esa "superación de obstáculos".

Pienso que entre los obstáculos que la cultura de la paz encuentra más frecuentemente destacan los lenguajes y discursos violentos, falaces y poco respetuosos con las personas y sus situaciones. Frente a la violencia verbal, recordemos el lema que la comunidad católica propuso, hace años, para contribuir a la paz en Euskadi: "Desarmar la palabra".

En una cultura ayuna de paz, los lenguajes "armados" o "explosivos" se difunden y propagan rápidamente a través de los medios de comunicación. Existe una responsabilidad, reconocida por todos, en la presentación de las noticias, los titulares, la selección o no de un discurso en sus párrafos más incendiarios. Otras veces, bajo el ropaje de discursos moderados en la forma, se denigra violentamente a personas e instituciones, minando actitudes profundas, desde una dialéctica interesada por arrancar las raíces más hondas de nuestra cultura, por ejemplo, el universo de valores cristianos.

Toda esta temática, en sus múltiples variantes, ha sido tratada en Roma por estudiantes de la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra, convocados para participar en el Congreso Internacional Universitario UNIV 2006, bajo el título: "Proyectar la cultura: el lenguaje de los medios de comunicación". Estudiantes de TECNUN en Donostia han obtenido un primer premio dentro de la modalidad "comunicaciones" con su trabajo redactado en inglés: "Media manipulation". En la ética de los medios, la dignidad de las personas y la cultura de la paz reclaman verdadera pasión por la verdad por encima de manipulaciones, intereses y presiones.

En definitiva, urge una actitud honesta que con hechos contribuya al diálogo respetuoso y a la auténtica comunicación. Constituye ya un esquema tópico aquél que considera los tres factores esenciales para comunicar: el emisor, el receptor y el mensaje con el contenido que se pretende transmitir. Mac Luhan, con sus análisis sobre la cultura mediática previno sobre el peligro de que el mensaje (message), en la cultura de las masas (mass age), degenere en massage. El "masaje" mental que la era mediática ejerce, configura tantas veces estereotipos y prejuicios que impiden la auténtica comunicación, y paradójicamente, a través de las vías diseñadas para el encuentro, aíslan y enfrentan, levantando obstáculos al entendimiento pacífico.

Por eso, releyendo los trabajos y ponencias que los jóvenes han presentado en su congreso, me atrevería a añadir un nuevo elemento al trinomio defendido por la tradicional teoría de la comunicación: emisor, receptor, mensaje. El cuarto y más definitivo, presupuesta la justicia, lo denomino: marco de amor incondicional. En ese marco, la discrepancia en las ideas, permite el respeto por la persona. Se trata en definitiva de aplicar el viejo principio difundido por Kant: "Siempre que tu acción se refiera a la persona, propia o ajena, no olvides que no estás ante un simple medio instrumental; ten en cuenta, por el contrario, que ella tiene también su propio bien". En la década de los 70 un profesor de Ética en la Universidad de Lublin enriquecía este aserto añadiendo lo siguiente: "El valor de la persona es tal que ante ella sólo el amor es la actitud justa". Me parece oportuno recordar esta aportación de Karol Wojtyla al cumplirse, hace poco, un año de su muerte.

Los universitarios del Congreso me han pasado unas palabras que les dirigió Benedicto XVI durante la audiencia especial y que aportan una nueva perspectiva: "(…) en nuestro tiempo, las nuevas tecnologías y los medios de comunicación de masas no siempre favorecen las relaciones personales, el diálogo sincero, la amistad entre las personas; no siempre ayudan a cultivar la interioridad de la relación con Dios. Para vosotros, lo sé bien, la amistad y el contacto con los demás, especialmente con los de vuestra edad, representan una parte importante de la vida de cada día. Es necesario que consideréis a Jesús como a uno de vuestros amigos más queridos, es más, como al primero. Os daréis cuenta entonces cómo la amistad con Él os llevará a abriros a los demás, a los que veréis como hermanos, obsequiando a cada uno con una relación de amistad sincera (…). Es una gran cosa verse comprendido por el otro, y comenzar a comprender al otro".

Quizá haya llegado el momento de replantearnos renovar nuestras tradicionales gramáticas dialécticas, creando lenguajes innovadores. Entre sus fuentes más creativas se encuentra aquel mandamiento nuevo que un jueves por la tarde proclamó Jesús en Jerusalén. Víctima de nuestros pecados y de acusaciones y palabras calumniosas, Él se encontró incomprendido por la hermenéutica de una opinión pública manipulada desde el rencor y los esquemas de lo entonces políticamente correcto.

En este momento histórico novedoso, entre los signos de esperanza, me parece significativo que jóvenes vascos, junto a otros miles de todo el mundo, hayan invertido tiempo durante estas vacaciones a reflexionar sobre el lenguaje de los medios apostando por una nueva cultura. Ellos la están configurando ya, y junto a Joseph Ratzinger piensan que: "Es una gran cosa verse comprendido por el otro, y comenzar a comprender al otro". ¿Imaginamos la energía pacificadora de un nuevo lenguaje mediático inspirado en esta amistosa comprensión?

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