Noticias: 18/04/04 [ © Comunicación Institucional, 2004 ]
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La soberanía popular
Autor:Josep-Ignasi Saranyana
Profesor de Teología
Universidad de Navarra
Fecha: 18 de abril de 2004
Publicado en:  La Vanguardia (Barcelona)

Más de 25 millones de españoles han manifestado su voluntad hace unos días, acudiendo a las urnas. Esto es un dato impresionante, que denota una gran madurez democrática y un interés creciente por la cosa pública, si lo comparamos con el 2000. Todos debemos felicitarnos.

Con su actitud, los católicos se han sumado mayoritariamente a la tesis de que la soberanía reside en el pueblo. Tal tesis tiene un complemento, también de antigua tradición española: el origen divino indirecto del poder. En este último punto, sin embargo, muchos fieles de otras confesiones cristianas (por supuesto, también del islam y del judaísmo) discreparían del mundo católico, para afirmar el origen divino inmediato del poder, como si Dios ungiese directamente al príncipe.

La democracia implica un delicado equilibrio en que juegan muchas voluntades, porque en democracia no hay vencederos ni vencidos, sino mayorías y minorías. Esto lo saben los profesionales de la política, aunque a veces se distraigan pensando en otras cosas.

Ni las mayorías deben aplastar a las minorías, ni éstas imponerse a las mayorías. Aunque lo primero es más fácil, tenemos también ejemplos de lo segundo. Es la "teoría de juegos", pero sin egoísmos.

Los acuerdos implican diálogo, respeto, rectitud, desinterés, generosidad y honestidad. No hay peor enemigo de la democracia que el deseo de revancha, muy en particular si los asuntos son personales.

La "Rendición de Breda" ha producido siempre una gran fascinación, porque Velázquez supo plasmar de maravilla el mutuo reconocimiento y, lo que es más difícil, la acogida.

Estas consideraciones, quizá un tanto premiosas, me venían a la mente cuando reflexionaba sobre los asuntos que la política española tiene ahora sobre el tapete: asignatura de religión, modelos de enseñanza (escolaridad mixta o diferenciada), concepto de familia, estructura del Estado, solidaridad interregional (el agua, por ejemplo), sensibilidad ante los desplazados, inmigración, terrorismo, deslocalización, horarios laborales según convicciones religiosas.

Para qué seguir... En definitiva, o la paz ciudadana, o la "mala educación" colectiva.

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