Noticias© Comunicación Institucional, 18/03/2008

Universidad de Navarra

El fracaso de Europa

Autor: Pedro Lozano Bartolozzi
Profesor de Relaciones Internacionales
Universidad de Navarra

Fecha: 18 de marzo de 2008

Publicado en: Diario de Navarra

Independientemente del criterio favorable o contrario que se adopte respecto a la discutible declaración unilateral de independencia por parte del Parlamento de Kosovo, valga la consciente redundancia, una de las consecuencias más graves de este hecho es la quiebra de la credibilidad en la unidad de la acción exterior de la Unión Europea, cuando todavía está en fase de ratificación el reciente Tratado de Lisboa, que precisamente proclama esta cooperación como fundamental.

Conforme con lo establecido en el marco jurídico internacional, cabe una discrepancia interpretativa entre el derecho de los pueblos a la libre autodeterminación, que según los planteamientos onusianos sería de aplicación a territorios no necesariamente coloniales, y la Carta de los Derechos y Deberes de los Estados que afirma como éstos “se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier estado”.

Sin embargo, la libre determinación no implica necesariamente la secesión sino el derecho a ser tratado en igualdad con los demás nacionales y no ser discriminado. También el Acta de Helsinki, de 1975, confirma las fronteras establecidas en Europa, y la más reciente Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas propugna el autogobierno de Kosovo dentro de la soberanía territorial de Serbia. Sin embargo, tanto o más serio para nuestro horizonte histórico es la división entre los miembros de la Unión Europea respecto a la postura a tomar ante este hecho.

No reiteraré aquí hechos ya conocidos y comentados como las persecuciones étnicas en la ex-Yugoslavia, la ruptura traumática y violenta de un Estado artificialmente creado tras la Primera Guerra Mundial, el expansionismo serbio o la estrecha relación de la población mayoritariamente de Kosovo con su vecina Albania. Tampoco voy a hacer más hincapié en la nostalgia de Belgrado respecto a los monasterios ortodoxos ubicados en estos lugares o la importancia que para la historia balcánica tiene el recuerdo de la batalla del Campo de los Mirlos que supuso la victoria turca y el sometimiento de estos pueblos al Imperio Otomano.

Quiero hablar del fracaso de Europa, o al menos de la incoherencia entre lo que se rubrica en los Tratados y lo que se hace en la práctica. Ya sé que aún es prematuro saber qué acabará pasando en un espacio, que por cierto no es de la Unión todavía, aunque aspire a serlo.

En el texto de Lisboa, que cuenta además con el precedente de los acuerdos de Maastricht (1991) en el mismo sentido de afirmar la cooperación comunitaria en políticas de acción exterior, seguridad y defensa, se dedica buena parte de su articulado a esta misma cuestión.

Resultaría farragoso para los lectores reproducir aquí el largo acervo de artículos que se dedican a estos temas. Baste de ejemplo el punto 3 del artículo 24 que señala lacónicamente: “los Estados miembros apoyarán activamente y sin reservas la política exterior y de seguridad de la Unión, con espíritu de lealtad y solidaridad mutua y respetarán la acción de la Unión en este ámbito”.

Personalmente estoy en contra de multiplicar la fragmentación de las naciones, estrategia que en Estados plurinacionales puede acabar siendo explosiva y lógicamente no me refiero sólo a la Europa del Este, sino a nuestra propia España.

Ya dijo Bismarck, el Canciller de Hierro que unificó los dispersos territorios alemanes, que los Balcanes “no valían la vida de un granadero de Pomerania”. El estadista prusiano se equivocó, la Gran Guerra desencadenada tras el atentado de Sarajevo y la ayuda bélica de Rusia a Serbia, costaría más de ocho millones de vidas humanas.

Desde la división del Imperio Romano en dos por Trajano, justamente en el centro de los Balcanes, éste paisaje de la Historia ha sido siempre convulso. Que la Unión Europea adopte la postura que estime más adecuada ante el problema muy complejo de Kosovo, pero que actúe de modo uniforme, con una decisión clara, contundente y una estrategia inequívoca de unidad. En caso contrario, volvemos a jugar con el fuego de los nacionalismos y estos sí que debe evitarse. Si no, al tiempo.

© 2008 Universidad de Navarra | Campus Universitario. 31080 Pamplona. Navarra (España). Tfno: +34 948 42 56 00 | Enviar e-mail de consulta Noticias

 

NoticiasDirectorioCuerpo