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17/12/2008

¿Necesitamos confianza?

Autor: Rafael Andreu y Josep M. Rosanas
Profesores del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 17 de diciembre de 2008

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

Crisis de confianza. Los bancos desconfían unos de otros. Los particulares empiezan a desconfiar también. Necesitamos confianza. Pero va a ser difícil, porque llevamos años destrozándola.

En EE.UU. hacen una encuesta muy simple desde los sesenta, preguntando a una muestra representativa de ciudadanos si 'confían en los demás', y anotando el porcentaje de síes. Desde que empezaron, la cifra no ha hecho más que bajar.

Ahora creemos que con una base de confianza más sólida saldríamos mejor del atolladero. O quizá no hubiéramos siquiera llegado a él. Como 'descubre' el FMI en su World Economic Outlook, las crisis son menos severas en entornos con más confianza en las transacciones financieras. Otro estudio apunta que los miembros de equipos con poco ambiente de confianza prefieren ser remunerados individualmente a serlo en función del grupo.

¿Es esto nuevo? Más viejo que la injusticia. Y sin embargo, hemos estado destrozando confianza a marchas forzadas. Y así nos va. ¿Cómo lo hemos hecho? Olvidándonos, por ejemplo, de que para confiar en alguien es preciso primero conocerle, y segundo, asegurarnos de que sus principios no son meramente egoístas, y son congruentes con los nuestros. Así, cuando decida algo tenderemos a estar de acuerdo. Las transacciones anónimas no generan confianza; más bien ponen en guardia. Por ello se desarrollan protocolos que se suponen seguros, pero la seguridad es imposible: hecha la ley, hecha la trampa. Tras los protocolos se han escondido comportamientos egoístas, fraudulentos y engañosos, quizá respetuosos con los procedimientos, pero indignos de confianza. También en las relaciones interpersonales en las empresas.

Con el espejismo de unos protocolos objetivos, que confundimos con justos, nos hemos ido quedando sin confianza. La confianza dentro de las organizaciones y en los mercados se desarrolla por una creencia compartida de que los demás son fiables. Por eso es tan fácil de quebrar, como ha ocurrido ahora. No será fácil recuperarla, sobre todo si caemos en la misma trampa y nos proponemos hacerlo con más protocolos y más regulación. Recuperarla es mucho más difícil que destrozarla, y en eso llevamos años...

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