Noticias© Comunicación Institucional, 17/12/2005

Universidad de Navarra

In memoriam de Julián Marías

Autor: Juan Luis Lorda
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 17 de diciembre de 2005

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Acaba de morir Julián Marías y es justo rendirle homenaje. A veces se dice de una persona que se ha hecho a sí misma. Pero suele ser en el ámbito de los negocios. Lo meritorio de Julián Marías es que se hizo a sí mismo en el ámbito del pensamiento.

Sin padrinos, sin becas y sin sueldos fijos, perseverar en el pensamiento supone una especie de milagro. Más todavía en España. Sostenerse con columnas y traducciones para poder escribir filosofía y sostener una familia es signo de una vocación sobresaliente. Marías la tuvo. Cuando tanto intelectual comprometido está en baja por su excesivo compromiso ideológico, Marías se ha comprometido sólo con el trabajo intelectual. Y con su familia y con sus amigos.

¡Cuánto ha trabajado en sus noventa y un años!¡Cuántos libros de Filosofía y pensamiento!¡Cántas columnas periodísticas!¡Cuántas crónicas de cine y teatro!¡Cuántas conferencias!¡Cuántas traducciones de libros inmortales, pero difíciles! El título de su último libro La fuerza de la razón podría servirle de lema.

¡Qué agradable aquella primera Historia de la Filosofía que publicó en 1940! Y le siguió una excelente Antropología filosófica y unos sobresalientes estudios sobre Ortega. Y, en su última época, una admirable colección de pequeños ensayos, ágiles y certeros, nacidos de su actividad como conferenciante. Tengo ante mis ojos una lista enorme de sus libros, que alguna vez he ordenado por áreas: pensamiento político, pensamiento sobre España, pensamiento filosófico... Cuento 55 ensayos, y sé que no están todos. Más varias docenas de libros con recopilaciones de sus artículos y esas admirables memorias, que tituló Una vida presente.

Yo admiro a Marías también por una razón particular. Marías fue un cristiano convencido, pero sin ostentación cuando era fácil serlo. Y se le notó que era un pensador cristiano, cuando parecía que en España no quedaba ninguno. Tengo particular devoción por su pequeño y ameno libro La perspectiva cristiana que muestra la profundidad de su saber, la claridad de sus síntesis y la fuerza de sus convicciones. Descanse en paz. Él sí que lo merece.

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