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17/08/2008

El Papa en Sydney

Autor: Josep-Ignasi Saranyana
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 17 de agosto de 2008

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

El Papa ha viajado a Sydney para encontrarse con los jóvenes, a quienes ha pedido más generosidad con Dios y más entrega a los demás, que es lo que la juventud sabe dar y espera se le exija. Este era el objetivo principal del desplazamiento.

Pero su largo viaje ha tenido también otros aspectos que conviene resaltar. Benedicto XVI se ha hecho presente en Oceanía como vicario de Cristo. Los australianos, neozelandeses, papúes, polinesios, melanesios y otros creyentes de aquellas lejanas tierras han podido sentir la unidad, renovar la catolicidad y fortalecer su comunión con Roma viendo al Pontífice y escuchándole. Este hecho es fundamental, con independencia del mayor o menor fervor religioso de cada cual, de las dudas y cavilaciones que cada uno pueda tener. No en vano, cuando se enuncian las notas de la Iglesia (aquellas propiedades que la acompañan siempre desde su fundación y que la distinguen de otras instituciones religiosas) se hace especial hincapié en la unidad y en la catolicidad, a las cuales algunos añaden la romanidad.

Al mismo tiempo, el Papa ha experimentado la expansión de la Iglesia en el quinto continente, contemplando la inculturación de la fe en zonas geográficas y culturales tan dispares. Las danzas de los aborígenes, la navegación por la bahía de Sydney, la vigilia en el espectacular hipódromo y el contacto con la exótica fauna marsupial han dilatado sus pupilas y enriquecido su labor de gobierno con importantes informaciones. Ha podido conversar con obispos, clérigos, religiosos y laicos y así conocer de primera mano problemas y situaciones de las que, hasta ahora, sólo estaba informado por notas de las nunciaturas o de las conferencias episcopales. No es lo mismo, como es obvio, leer un papel que hablar con una persona, situada en su contexto humano y geográfico. Lo mismo cabría decir de los miembros de la jerarquía que lo han acompañado en el viaje. Mutuo enriquecimiento, por tanto. Conocerse, dar y recibir.

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