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17/06/2009

La sociedad intervenida

Autor: Santiago Álvarez de Mon
Profesor del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 17 de junio de 2009

Publicado en: Expansión (Madrid)

Me gusta asociar el delicado fenómeno del liderazgo con el noble oficio de jardinero. Sabedor del clima e historia del lugar, un buen profesional piensa un jardín que propicie el crecimiento de árboles y plantas en perfecta armonía con las condiciones naturales de la zona, especialmente luz y agua. En términos políticos, culturales, empresariales, todo lo que tenga que ver con el factor humano, la metáfora propuesta tiene inmensas posibilidades. Diseñador de un ambiente abierto al aprendizaje el líder sueña una sociedad en la que cada ciudadano alcanza su cima vital y se apropia de su destino. Sin afán de mitificar, la Hewlett-Packard española de la década de los ochenta y noventa, heredera de la rica tradición de su matriz americana, es un buen ejemplo. HP era una escuela de grandes profesionales, me los voy encontrando por todos lados, entrenados en los valores clásicos del talento, el esfuerzo y el mérito personal, al servicio de una sociedad en permanente evolución. En la actualidad, la figura de Steve Jobs viene a mi memoria. Hace cinco meses, se retiró por razones de salud del día a día de la firma, y el mercado reaccionó a la baja. La confianza estaba vinculada a la personalidad carismática de Jobs, y en su ausencia el futuro daba miedo. Hoy, la senda alcista de la acción se mantiene (ver EXPANSIÓN del 20 de junio, de 85 dólares a 141). Además de su perfil nato de emprendedor, Jobs se ha revelado consumado arquitecto de una cultura innovadora y creativa.

Obsérvese el contraste que nos ofrece el panorama político, carente de un liderazgo que apueste por la grandeza y el ingenio humanos. Leo en Mercados un reportaje demoledor sobre el número de políticos en los consejos de las cajas. De los 6.000 y pico consejeros de las 45 cajas de ahorro españolas, más de 2.000 lo son por razón de su adscripción política. No están ahí por su experiencia profesional y conocimientos del negocio, sino por su vinculación con unas determinadas siglas partidistas. Añádase los representantes procedentes de las organizaciones sindicales y empresariales, y se constata el nivel de intervención alcanzado. ¿Dónde más me topo con los partidos políticos? En órganos clave del poder judicial, también sometido a las negociaciones y presiones de unos y otros para colocar a los suyos.

¿En qué otros lugares me tropiezo con nuestros representantes políticos? En los medios de comunicación, a veces de forma descarada, véanse televisiones y radios públicas, y otras de modo más soterrado y sutil. Detrás de rumores y movimientos tendentes a fusiones de grupos antaño rivales, se esconden iniciativas gubernamentales que empujan en una dirección, más allá de la lógica del mercado. La empresa tampoco vive de espaldas al devenir político, siendo cada vez más difícil trazar la frontera entre el poder político y el económico. La educación y la cultura también se han convertido en laboratorio de ensayos que no siempre tienen como meta final una persona más culta, preparada y crítica.

No pongo más ejemplos porque me falta el aire. Cantamos las excelencias de la libertad, única tierra donde crece la imaginación y la inteligencia, pero nos decantamos velada y progresivamente por una sociedad intervenida. En las elecciones, de una tacada, no sólo votamos a quien nos representa en el Parlamento, sino al que elige jueces, dicta artículos, propone y realiza operaciones mercantiles, o diseña el currículum académico de nuestra juventud. Los tentáculos del pulpo político resultan asfixiantes, casi nadie escapa a su radio de acción. Papá Estado cuida de su prole. Todos cómodos y felices. Uno controla y manda, y la sociedad se perpetúa en la infancia.

Pobre jardinero, en su afán proteccionista, se le van a marchitar muchas flores y plantas, hasta los árboles más frondosos han perdido tono. Una pena, el jardín está amarillento y mustio. No es culpa de la socorrida crisis, de la sequía, sino de nuestras escasas ilusiones y energías. Mientras no cambiemos de jardinero, le deberíamos ayudar a mejorar. Él también pierde en este ambiente plomizo que presagia tormenta.

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