Noticias© Comunicación Institucional, 22/06/2007

Universidad de Navarra

Entrevías en Madrid

Autor: Josep-Ignasi Saranyana
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 17 de junio de 2007

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

Los dramáticos hechos ocurridos en estas últimas semanas en la diócesis de Madrid en torno a Entrevías, jaleados por una variopinta multitud, nos confirman, más allá de otras interpretaciones, que con la Eucaristía no se juega.

Benedicto XVI recordaba recientemente que es preciso devolver a la liturgia su carácter sagrado, y que sólo la Iglesia es depositaria de ese rito. Si el presbítero se sintiera protagonista de la acción litúrgica contradiría su misma identidad sacerdotal, porque él sólo es servidor y, en consecuencia, signo y dócil instrumento en manos de Cristo. Cabe preguntarse, pues, si no será ese inoportuno protagonismo de algunos la causa (aunque no la única) del abandono del precepto dominical por parte de muchos.

El pueblo fiel tiene una especial sensibilidad para estas cosas y, guiado por un instinto certero y misterioso, rechaza unas y acepta otras. El pueblo constituye una unidad moral con su cabeza y, a pesar de su dejadez o de su abstención, tiene la percepción de lo verdadero. Aun cuando vayan poco a la iglesia, los fieles distinguen, como por sexto sentido, entre la misa y cualquier arbitrariedad.

La obediencia al rito no es sólo una cuestión de disciplina o de uniformidad. La misa es una celebración ritual. Toda ella es sacramental. En ella se insertan el relato de la institución, el recuerdo de las enseñanzas proféticas y apostólicas y, en definitiva, el peso de toda una historia que nos transporta a los mismos orígenes y los actualiza.

La celebración eucarística tiene carácter eficaz y significativo; por ello, el obispo es responsable de la liturgia en el ámbito de su particular oficio y jurisdicción.

Cualquier obra de caridad, por muy bella y oportuna, palidece, a pesar de su valor intrínseco e inexcusable, ante lo que es prioritario y más fundamental. Las obras de beneficencia se insertan en la larga tradición de misericordia de la Iglesia; pero no olvidemos aquella frase decisiva de Cristo en casa de Simón el leproso: "(Esta mujer) ha hecho conmigo una obra buena, porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis".

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