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17/02/2009

Izaskun y las decisiones pertinentes

Autor: Alejandro Navas
Director del departamento de Comunicación Pública
Universidad de Navarra

Fecha: 17 de febrero de 2009

Publicado en: Diario de Navarra

Los comentaristas políticos discuten si el presidente del Gobierno hizo bien o no en acudir a la televisión para responder a las preguntas de los ciudadanos mientras evitaba rendir cuentas al Parlamento, y si se mostró o no a la altura debida en ese interrogatorio. Pero hay acuerdo en que la triunfadora de la noche resultó Izaskun Buelta, la joven con síndrome de Down. Nuestro presidente, siempre tan hábil en el manejo de la imagen, aprovechó enseguida la ocasión para hacerse la foto con Izaskun, que será posiblemente el recuerdo que quede de ese programa televisivo. El protagonismo que, al menos por unos días, adquirieron Izaskun y su síndrome invita a reflexionar sobre algunas de las paradojas típicas de nuestra ambivalente sociedad, capaz de lo mejor y de lo peor. Hemos adquirido una sensibilidad única hacia los discapacitados, y adaptamos las ciudades, viviendas, lugares de trabajo y medios de transporte a sus condiciones, para que puedan desenvolverse con las menores limitaciones posibles. Esta admirable política viene inspirada por la ONU, y se refleja en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006).

El Estado Social y del Bienestar alcanza aquí uno de sus logros humanitarios más señalados. De repente nos hemos vuelto sensibles al menor asomo de discriminación, y cuando nos encontramos con grupos tradicionalmente marginados, nos apresuramos a compensar ese déficit histórico con las llamadas políticas de la acción afirmativa. Pero a la vez, y aquí está la sangrante paradoja, cabe la posibilidad de que nos quedemos precisamente sin discapacitados a los que ayudar, al menos en el caso de los afectados por el síndrome de Down.

Nuestra sociedad, tan obsesionada por la calidad de vida, soporta a duras penas la presencia de la discapacidad. Como los métodos diagnósticos permiten identificar cada vez más temprano esas patologías, el desenlace está cantado: los embriones o fetos que no superen el nivel de calidad establecido serán eliminados en el seno materno. La sanidad pública va incluyendo de modo gradual este nuevo servicio en su elenco de prestaciones, aunque esto depende ahora de las comunidades autónomas. Dos de las más madrugadoras han sido Andalucía y el País Vasco, que anunciaron en verano del 2008 la puesta en marcha de un programa de cribado prenatal de síndrome de Down y otras anomalías cromosómicas, al que tendrán acceso todas las mujeres embarazadas (y no sólo las mayores de 35 años, como se venía haciendo con la detección del síndrome de Down). Este programa ayudará a reducir de modo considerable el número de amniocentesis, que no deja de ser un método peligroso y, en palabras del portavoz del departamento vasco de Sanidad, “permitirá principalmente detectar el riesgo elevado en el primer trimestre, con tiempo para tomar las decisiones pertinentes”.No hay que ser un lince hermenéutico para adivinar que detrás de esas “decisiones pertinentes” se esconde simplemente el aborto. La industria de la muerte procura presentar sus productos envueltos siempre en tranquilizadores eufemismos: hay que evitar la alarma social. Algo tan deseable y positivo como la calidad de vida puede esconder en el fondo la más despiadada eugenesia.

De esta forma, el aborto está acabando en Occidente con el síndrome de Down. A este paso, pronto no habrá siquiera la posibilidad de que la Izaskun de turno se haga la foto con futuros presidentes. La Federación Española de Síndrome de Down denuncia que la actitud de la mayoría de los médicos, fría y hostil, unida a la falta de información, empuja a muchos padres - en torno al 90% de los que se someten a esas pruebas- al aborto. Desde luego que una manera radical de acabar con la discriminación consiste en la eliminación de los potencialmente discriminados, incluso antes de nacer.

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