Noticias© Comunicación Institucional, 17/02/2007

Universidad de Navarra

Humanidades y posthumanismo

Autor: Alejandro Llano
Catedrático de Metafísica
Universidad de Navarra

Fecha: 17 de febrero de 2007

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Peter Sloterdijk es un pensador alemán que está actualmente en primera línea de las polémicas intelectuales. Reciente y muy sonado ha sido su enfrentamiento con Habermas sobre cuestiones fundamentales de tipo ético y cultural. Con ocasión de una estancia en nuestro país, un periodista le hizo la siguiente pregunta:

-“La Universidad (y con ella la sociedad entera) se juega su destino en el tratamiento que conceda a los saberes humanísticos”, ha escrito el filósofo español Alejandro Llano. ¿Está usted de acuerdo con ese dictamen?

La respuesta de Sloterdijk es inicialmente demoledora. Le da la impresión de que esa frase está pronunciada desde un barco que se hunde. Pero en este sentido, precisa, es una frase correcta. Las humanidades eran el núcleo de las universidades europeas. Ahora bien, ese tiempo ya pasó.

-Hoy día -concluye Sloterdijk- se ha pasado página y los estudios humanísticos ya no están en el centro. Actualmente hay sólo una gran materia de estudios, son los Capital Studies (estudios del capital) o Money Studies (estudios del dinero). Todas las materias universitarias se transforman por el poder educador del mercado, incluso la medicina o la ética. El destino de la Universidad se ha decidido ya, y el imperativo del mercado está en marcha.

Me encuentro más cerca de Habermas, en su situación actual de una izquierda moderada, que de Sloterdijk, en quien resuenan ecos de la derecha extrema. A mi juicio, el diagnóstico de Sloterdijk tiene algo de cínico. No se corresponde con la presente situación, pero señala certeramente cuál es la tendencia. Allá por 1987, Miguel Delibes dejó perdida en las páginas de su libro Un mundo que agoniza esta sentencia: “Las humanidades sufren cada día una nueva humillación”. Durante estos veinte años largos nada le ha quitado la razón al escritor castellano. El próximo golpe vendrá, en Europa, de la mano del proyecto que gira en torno a la palabra Bolonia. En España, la más reciente humillación ya la ha infringido la nueva ordenación de los estudios primarios y medios. La Educación para la Ciudadanía, por su parte, ofrece una muestra de la sustitución de la cultura por una ideología en decadencia. Porque, más a la corta que a la larga, parece que el funcionalismo economicista se llevará el gato al agua. Ya se habla, por ejemplo, de suprimir las carreras en las que no se llegue a un mínimo de estudiantes en primer curso. Hay incluso un atlas para evidenciar qué estudios se encuentran en falta. No sólo las humanidades están en peligro: también lo están las ciencias puramente teóricas.

A este predominio de la técnica y del consumo sobre el saber y la cultura es a lo que el filósofo alemán llama posthumanismo. Se trata de una situación en la que la propia persona humana deja de estar en el centro y de constituir la referencia decisiva. Las máquinas pueden llegar a adquirir la misma importancia -o más en algunos casos- que los seres humanos. La competencia y la productividad revisten mayor relevancia que la calidad ética. La educación, por su parte, se dirige a la adquisición de destrezas y habilidades. Ya no es posible, ni interesante, conseguir que el hombre mismo crezca en su humanidad. Los hombres se rebelan contra lo humano o, simplemente, lo olvidan.

Y sin embargo… Sin embargo, sigue siendo verdad que, como ha dicho Benedicto XVI, sólo un humanismo integral puede garantizar un mundo pacífico, justo y solidario. Por mi cuenta, añado que no se ha descubierto un método mejor que el cultivo de las humanidades para lograr que un humanismo armónico oriente la vida de las personas y las comunidades humanas.

Hoy por hoy, las humanidades resultan insustituibles para lograr estos cuatro objetivos: 1. Interpretación crítica de la sociedad actual. 2. Revitalización de la cultura. 3. Reflexión sobre las grandes cuestiones personales y sociales. 4. Ascenso del nivel de creatividad.

En los medios de comunicación y en los comentarios de mucha gente se aprecian continuos lamentos sobre el estilo y tono de la vida pública en la España actual. Pero casi nadie recuerda la afirmación clave de Tocqueville: que la buena salud política depende del estado intelectual y moral de un pueblo. Sin humanidades, los planteamientos éticos se convierten en enfoques puramente pragmáticos y funcionalistas. La vida científica y cultural languidece, carente de inspiración y de acicates. Prescindir de lo que no tiene aplicación inmediata es muestra de estrechez de espíritu. En cambio, fomentar lo importante que no es urgente manifiesta generosidad y grandeza de alma, cualidades de las que tan necesitados andamos por estos parajes. Lo decisivo para el hombre es el propio hombre. Y de él, de nosotros mismos, de la condición humana, es precisamente de lo que se ocupan las humanidades. Su olvido nos aboca a la situación que viene después de lo humano: al posthumanismo.

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