Noticias© Comunicación Institucional, 16/12/2007

Universidad de Navarra

Dios encarnado

Autor: Josep-Ignasi Saranyana
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

Fecha: 16 de diciembre de 2007

Publicado en: La Vanguardia (Barcelona)

Según el calendario gregoriano, el nacimiento de Jesús se celebra el 25 de diciembre. Según el calendario juliano, unos días diez después, porque éste no tomó en cuenta los ajustes del equinoccio, acordados en 1582.

Hasta ahora se pensaba que se había fijado la fecha de la Navidad para que coincidiera con el solsticio de invierno, en que el sol alcanza su máxima declinación sur, y en el hemisferio norte empieza a crecer el día. Visto desde el norte, parece que el sol nace. Por ser Cristo el Sol naciente, el acontecimiento de Belén se festejaría en esta fecha. Y, por lo mismo, nueve meses antes, el 25 de marzo, muy próximo al equinoccio septentrional de primavera, se colocó la fiesta litúrgica de la Encarnación. De este modo se enseñaba (y se enseña) que Jesús fue realmente hombre y que su gestación, en el seno virginal de Santa María, duró nueve meses.

Sin embargo, el episcopaliano Thomas J. Talley, basándose en una tradición que se remonta al siglo II, asegura, con argumentos que merecen atención, que el 25 de diciembre fue realmente el día del nacimiento del Hijo de Dios. No está claro, en cambio, que la fiesta de Navidad sea la cristianización de las saturnales, como algunos han sostenido. Tales fiestas rituales tenían lugar en Roma del 17 al 23 de diciembre, coincidiendo con el aniversario de la consagración, en el Foro, del templo de Saturno, cuando concluían las siembras de invierno. En todo caso, importa destacar que la Navidad ha tenido siempre carácter religioso y motivación cristiana.

A la vista de lo dicho, me parece relevante no olvidar dos cosas: que en la Navidad conmemoramos el misterio de la Encarnación de Dios; y que toda la vida de Occidente se ha configurado por el influjo del cristianismo. La Revolución francesa quiso reformar el calendario y modificar las celebraciones, pero no pudo. Hay, sin embargo, una revolución mucho más sutil que podría cambiar las cosas: el olvido o la indiferencia. Esperamos y deseamos que no sea así. ¡Feliz Navidad!

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