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16/10/2008

Las fusiones bancarias

Autora: Esther Galiana
Profesora de Dirección Financiera
Universidad de Navarra

Fecha: 16 de octubre de 2008

Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Estamos viviendo una ola de fusiones y adquisiciones precipitadas y forzadas por las circunstancias: JP Morgan-Bear Sterns y Washington Mutual, Bank of America-Merrill Lynch, etc. En el corto plazo es posible que las entidades adquiridas se hayan salvado de la quiebra, aunque las turbulencias continúan. Conviene plantearse no obstante qué efecto tendrán sobre la economía real estas operaciones.

Una fusión o adquisición tiende a fortalecer a la entidad resultante. No entraremos aquí a discutir si las combinaciones de entidades financieras consiguen realmente las sinergias anunciadas o si la cotización en bolsa posterior justificaba la fusión o adquisición. Pero es indiscutible que uno de los logros de cualquier combinación financiera es la mayor cuota de mercado. Y esto confiere a la nueva institución mayor poder de negociación que sus antecesoras frente a las autoridades y frente a sus clientes.

El nuevo banco o caja de ahorros tiene un mayor poder relativo frente a los prestatarios al haber eliminado un competidor del mercado. Las empresas que trabajaban con las dos entidades antes de la combinación suelen encontrarse después en la siguiente situación: si la empresa es sólida, el banco tenderá a ampliar su límite de riesgo; si la empresa presenta unos estados financieros debilitados, el banco tenderá a reducir el riesgo con esta empresa en beneficio de la empresa cliente más saneada. La situación puede empeorar si la empresa con peor calidad crediticia era cliente del banco absorbido. Los ejecutivos de cuentas y los directores de riesgos, que tan bien conocían a la empresa, han desaparecido probablemente del mapa y no podrán defender a este cliente ante el nuevo comité de riesgos. Se observa también que quiebras en entidades bancarias pueden tener su reflejo en caídas en el valor en bolsa de sus empresas clientes con escasa calidad crediticia.

Hay también factores que suelen beneficiar a una empresa frente a su entidad financiera después de una fusión o adquisición: si cotiza en bolsa desde hace tiempo, si cuenta con un balance importante, si ha emitido deuda en los mercados de capitales… En definitiva, factores propios de las grandes corporaciones. Y esto puede poner a las pymes en desventaja frente a las grandes empresas. Estos efectos se acusan más cuando la adquisición o fusión ocurre en el mismo mercado geográfico. Este fue el caso de combinaciones bancarias tales como las de Chemical y Chase, la de Bank America y Security Pacific, Fleet Financial y BankBoston, etc. en los años 90. También se está dando en algunas de las operaciones actuales en Inglaterra y es posible que se replique en otros países.

Las grandes adquisiciones anunciadas hasta ahora en EE.UU. no presentan estos problemas a gran escala, aunque sí que se dan solapamientos de ciertos negocios.

Ante este panorama, conviene reflexionar sobre qué efectos tendrán hoy las combinaciones bancarias sobre el mercado de crédito, ya de por sí estrangulado. Todos somos conscientes de que las entidades financieras han endurecido enormemente sus políticas de riesgo. Las pocas empresas que acceden a nueva deuda lo hacen pagando intereses y comisiones muy superiores a las de hace unos meses. Después de la crisis de liquidez, la crisis de crédito es el segundo problema que hay que afrontar porque el crédito es necesario para el crecimiento de la economía real.

Esperemos que los planes de rescate que las autoridades monetarias y políticas están implantando puedan evitar la quiebra de entidades financieras, sean cajas o bancos. Puede que las fusiones y adquisiciones se sigan alentando en EE.UU. y en Europa, muchas de ellas desde el regulador. Pero los gobiernos deben procurar, con los instrumentos adecuados, que esta oleada de combinaciones bancarias no tenga un efecto nocivo sobre el tejido empresarial al reducir el acceso al crédito precisamente a los que más lo necesitan. Y esto sin dañar la calidad de las carteras crediticias de las entidades financieras. Más difícil todavía…

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